Guillermo Almada y Pachuca, la simbiosis perfecta

Cuando Pachuca decidió prescindir de Paulo Pezzolano en noviembre de 2021, después de quedar fuera de la zona de repechaje, tenían dos candidatos para sucederlo: Juan Carlos Osorio y Jaime Lozano. En medio de las gestiones para elegir a su nuevo entrenador, la directiva se enteró por un reporte de televisión de que Guillermo Almada se había desvinculado de Santos Laguna.
Convencidos de que se trataba de la mejor opción posible para tomar las riendas del equipo, abandonaron abruptamente las conversaciones con Osorio y Lozano. Cuatro días después de haber sido cesado por Santos, Pachuca anunció la contratación de Almada.
Es difícil pensar si los Tuzos estaban del todo conscientes de que se trataba del perfil de entrenador que su proyecto, por estructura y filosofía, necesitaba. O si, más bien, pensaban que se trataba de un director técnico que podría garantizarles competir mejor en el corto plazo.
Hoy, a casi tres años y medio de distancia de aquella decisión, con un título de liga, una Champions de Concacaf y un modelo de juego asentado sobre la espalda, hay motivos para pensar que Pachuca acertó de manera rotunda.
Compatibilidad entre la filosofía del club y el modelo de juego del entrenador
En el partido de Play-In frente a Monterrey, donde consiguieron su pase a los Cuartos de Final, Pachuca salió con ocho futbolistas mexicanos, de los cuales solo Pedro Pedraza —a quien trajeron con 22 años desde Mineros de Zacatecas— no fue formado en sus categorías menores.
Esto no solo tiene un impacto a nivel cuantitativo, también cualitativo. El gran mérito de Almada ha sido aprovechar la estructura de fuerzas básicas de Pachuca en beneficio de poder plasmar su modelo de juego; el cual, según sus propias palabras, se basa en una “búsqueda permanente” contraria a la "especulación".
Antes de que ambos cruzaran caminos, Pachuca ya tenía claro, de acuerdo a Alan Calleja, Director de futbol de la institución, que quería establecer el “4-2-3-1 dinámico” como su sistema base en todas las categorías. Esto ha permitido que el primer equipo recurra invariablemente a sus divisiones menores para promover talentos con mayor certeza, tapar huecos concretos y añadir profundidad en ciertas posiciones.
Más allá de que el propio Almada también se reconozca como entrenador en ese sistema de base institucional, la simbiosis se sustenta a partir de la relación orgánica de sus jugadores con las pautas del estilo de juego que busca implementar.
No es que Almada apueste por jugar con jóvenes mexicanos por el simple hecho de ser mexicanos, o por acatar a rajatabla una postura institucional de alinear canteranos, sino porque las pautas de su estilo de juego —la presión alta y el ritmo con balón— son armonizables con los perfiles de los futbolistas que van surgiendo de fuerzas básicas.
Por eso es posible que un Elias Montiel se consolide a sus 19 años como uno de los mejores centrocampistas organizadores del país, como antes se consolidaron Luis Chávez y Erick Sánchez. O que Juan Alexander Sigala, de 18 años, ocupe la posición de extremo derecho que este mismo torneo han ocupado Emilio Rodríguez —quien volvió de su fugaz cesión al Celta de Vigo—, de 22 años, o el mismo Owen González, de 21 años.
Tras el partido en Monterrey de la semana anterior, Guillermo Almada estableció en conferencia de prensa que la clave de la victoria del Pachuca fue el haber “respetado nuestra esencia”; esencia que, por suerte, entrenador y jugadores defienden por naturaleza.
