Olavarrieta: el primer patinador que hizo soñar a México con el hielo

Las luces frías, la música envolvente y la pista helada quedaron en la memoria de aquel niño. Ver al patinador adolescente Bobby Pendleton como la estrella solista del espectáculo––el primero de su edad en recibir un contrato para un show profesional–– fue una revelación para Ricardo Olavarrieta. Sobre el hielo parecía desafiar los límites con saltos y giros. En ese instante nació su vocación.
Cuando tenía entre seis y siete años, sus padres lo llevaron a ver un espectáculo sobre hielo llamado Holiday & Ice, fusionado con Ice Follies. Estos show de estilo parisino y originalmente enfocados en un público adulto estaban en transición. Así es como lo recuerda en entrevista para Sports Illustrated México.
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"Ahí comienza la historia. Surge una motivación y les decía a mis papás que quería patinar. Era difícil porque estamos hablando que no había pistas de hielo en el país. Estamos hablando de inicio de cero de esta generación de patinadores".
- Ricardo Olavarrieta
No existían pistas de hielo en ese momento. Aunque hubo un auge de pistas en la década de los 60 en Insurgentes, Mariano Escobedo y Revolución. Éstas habían desaparecido antes de que él naciera en 1970. La historia de Olavarrieta comienza realmente cuando, en diciembre de 1980 ve un anuncio sobre la próxima apertura de la pista de hielo Skatorama, de Lomas Verdes. Un evento crucial que le brindaría la primera oportunidad de aprender y desarrollarse en el patinaje artístico sobre hielo en México.
Impulsado por el deseo de patinar, Ricardo convenció a sus padres para visitar el lugar y solo encontró una bodega en construcción: un espacio vació sin hielo. Les indicaron que regresaran en 4 o 5 meses después. A pesar de la espera su determinación se mantuvo y pidió unos patines como regalo de Navidad. Esta pista de hielo se convirtió en el punto de partida del patinaje en el país.
Ricardo recibió sus primeros patines que coincidieron con la popularidad de la película Castillos sobre hielo––que retrataba el patinaje en aquella época––. Este hecho marcó su profunda conexión con la pista helada. Contrario a otros atletas, su motivación principal no era competir en unos Juegos Olímpicos o Campeonatos Mundiales sino el sentido de comunidad que se formaba en la pista.
"Muchas veces se busca la motivación en un factor externo y no es por ahí. El impulso es personal. Nunca tuvieron que forzarme, yo despertaba a mis papás para que me llevaran a patinar".
- Ricardo Olavarrieta
Él era quien despertaba a sus padres a las 6 de la mañana de un domingo para que lo llevaran a patinar. Era una pasión innata por el deporte que le sobrepasaba. Sus padres le sugerían descansar. En su niñez jugaba a patinar e imaginaba estar en los Juegos Olímpicos de Sarajevo 1984 mientras los veía por televisión. El destino le sugería una sorpresa.
Desde el inicio de su carrera su objetivo no fue ser un“gran campeón” o ganar “grandes medallas”sino “abrir un camino” para el patinaje artístico sobre hielo en México, un deporte poco común en el país.
La primera sesión pública en la pista de hielo Skatorama fue un momento significativo porque marcó el primer contacto físico con el hielo después de haber expresado un fuerte deseo por patinar desde niño tras ver un espectáculo y haber convencido a sus padres para que le compraran patines y lo llevaran a ver la recién inaugurada pista.
Debido a la gran novedad y popularidad de las pistas de hielo en México, había largas filas y tener sus propios patines le permitió saltarse la espera para el alquiler y acceder más rápido a la compra de su boleto. Esta facilidad de acceso, aunque pequeña, le permitió sentir la “libertad en un lugar mágico”.
Había una enorme expectativa y curiosidad por un deporte nuevo. Resultaba extraño para la gente en un país donde no había nieve casi de forma natural. Precisamente por eso atraía miradas y despertaba asombro. Olavarrieta intentó replicar lo que veía en el hielo ––una práctica que le funcionaba a veces––. Este primer contacto con el hielo se convirtió en “su lugar feliz”, en una fuente de inspiración para dejar un legado.
A principios de su carrera, alrededor de 1985, México carecía de una federación reconocida que le permitiera a sus patinadores competir a nivel internacional. Antes de esto, los patinadores mexicanos, incluido Olavarrieta, participaban en competencias de centro comercial de forma individual, sin afiliación oficial.
La creación de una federación y el cumplimiento de estos requisitos eran esenciales para que México pudiera “empezar a medirse en el mundo”. La llegada de jueces internaciones para certificar la existencia y el nivel del patinaje de hielo en México fue el paso crucial para la afiliación. Esto permitió a patinadores como Olavarrieta representar a su país en eventos internacionales y cumplir con su objetivo: abrir un camino para el deporte en México.
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Una vez establecida la idea de crear esta federación en 1985, el siguiente paso fue la visita de "visores internacionales" y jueces externos. Su propósito era certificar el nivel de los patinadores mexicanos y verificar que el deporte se practicaba en el país, cumpliendo con los requisitos para ser miembro de la ISU.
Estos observadores se sorprendieron gratamente al descubrir el nivel de habilidad de los patinadores mexicanos, quienes eran capaces de realizar elementos complejos como el "doble Axel". Este salto era un "elemento obligatorio" y el mínimo requerido para rutinas cortas, técnicas o junior en aquella época.
Como resultado de esta evaluación positiva, la afiliación completa de México a la ISU se logró en menos de un año. Basándose en los informes de estos jueces, la ISU comenzó a otorgar permisos para que participaran en eventos internacionales, como el Mundial Junior al que fue asignado Ricardo.
Sus inicios en el entrenamiento eran muy “empíricos” ante la falta de estructura formal. Tuvo una serie de maestros temporales. Sin embargo, destaca la figura de Michael Valley, un expatinador americano, con quien patinaba los fines de semana. Aunque su relación no era formal de entrenador-alumno, se ayudaban mutuamente, y Ricardo lo identifica como su primer guía y mentor, quien lo preparó para sus primeros Juegos Olímpicos.
Su participación en los Olímpicos de Invierno Calgary 1988 fue una oportunidad inesperada porque inicialmente no era una meta principal. En su época la selección no se basaba en un sistema de puntajes como el actual sino en decisiones de los oficiales de la Unión Internacional. Sintió una gran responsabilidad al representar a México en un deporte invernal, que no es tradicional en su país.
Apenas recuerda detalles de aquella primera participación olímpica: el momento en el que fue anunciado, entró al hielo y comenzó su música. El hielo era muy rápido,se sintió asustado, se tropezó durante su rutina, pero se levantó y continuó. Era la naturaleza abrumadora de su debut olímpico.
Años después, pudo ver el video de su rutina ––que no poseía en ese momento–– y lo utilizó para un análisis personal detallado, identificando aspectos a mejorar y a conservar, a pesar de haber sufrido una caída durante la misma.
Guiado por el empirismo y la experiencia internacional
Posterior a su participación en los Juegos Olímpicos de Calgary en 1988, continuó recibiendo apoyo crucial para su carrera en el patinaje artístico. Su primer guía, Michael Valley, quien lo había ayudado a llegar a esos Juegos, fue transferido a Estados Unidos. Una coreógrafa canadiense, Diane Eagle, amiga de Valley contactó a Ricardo para ofrecerle ayuda en la coreografía. Esto fue fundamental para su entrenamiento durante los siguientes cuatro años, convirtiéndose en una de las dos personas clave en su formación sobre hielo.
Durante esos años, desde los Olímpicos de Invierno 1988, cuando Ricardo tenía 17 años, hasta 1992, experimentó un cambio significativo en su mentalidad y entrenamiento. Luego de su primera experiencia olímpica fue que comprendió la necesidad de un enfoque diferente para suplir sus carencias.
Un entrenador de danza soviético––del Ballet Bolshói de Moscú––se sumó a su formación a partir de la sugerencia de su madre de complementar el patinaje con la danza. A través de Rocío Torres, bailarina de ballet de Amalia Hernández y maestra de danza de Ricardo, el entrenador se interesó en trabajar con el joven patinador mexicano fuera del hielo. Diane Eagle fue una influencia central en la coreografía y el entrenamiento sobre la pista, la instrucción dancística se convirtió en un pilar clave de su desarrollo durante esos cuatro años de transición y crecimiento.
El entrenador soviético le enseñó a trabajar conceptos de ballet como aceleración, eje, musculatura, cuadratura y extensión que era análogos a los utilizados en el patinaje sobre hielo y son los que aún utiliza.
"Yo sabía que esto me iba a ayudar más adelante para poder contribuir a una nueva generación de patinadores sobre hielo".
- Ricardo Olavarrieta
Más adelante entrenó en la Universidad de Delaware y coincidió con la preparación de la campeona olímpica Tara Lipinski antes de los Juegos Olímpicos de Invierno Lillehammer 1994. En el Instituto de ciencia aplicada al deporte adquirió conocimientos que contribuyeron al crecimiento de su deporte. Tuvo una etapa de entrenamiento en Boston, donde conectó con figuras prominentes del patinaje internacional como el campeón olímpico Viktor Vasyliovych Petrenko.
La estrella ucraniana le transmitió a Olavarrieta la enseñanza de que lo más importante en el deporte no es ser campeón sino la diversión que se experimenta durante el proceso y las amistades que se forjan, las cuales perduran incluso después de que la carrera deportiva finaliza.
En un lapso de mes y medio, llegaron figuras destacadas como Irina Eduárdovna Slútskaya, Iliá Kulik, Surya Bonaly y Tatiana Tarasova. Esta influencia de talento global le proporcionó una perspectiva más amplia sobre la preparación en diferentes partes del mundo. El patinaje sobre hielo en México se descubría de manera empírica.
Para sus segundos Juegos Olímpicos Albertvill 1992, su objetivo era diferente: quería demostrar que ya realizaba saltos triples. Sin embargo, no pudo lograrlo debido a una serie de problemas de preparación. Prácticamente dos meses antes de la justa invernal, no tuvo acceso a hielo para entrenar porque la pista fue cerrada por problemas de litigio con el terreno, pasó tres semanas haciendo solo "piso" ––entrenamiento en tierra–– y luego una semana y media en una pista muy pequeña de 12x24 metros, en contraste con una olímpica de 30x60 metros.
Su entrenadora, Diane Eagle, insistió en que se trasladaran a otro lugar para conseguir tiempo de hielo y poder entrenar adecuadamente. Esta falta de preparación en México, donde no había pistas de hielo adecuadas en ese momento, afectó su rendimiento. Tuvo que desarrollarse en la escasez de infraestructura.
Entrenar en pistas pequeñas y públicas se convirtió en una valiosa lección: la habilidad de ser "inteligente" para manejar el espacio, como dar una vuelta extra para esquivar a alguien que va a saltar en el mismo lugar, es una destreza que se adquiere precisamente en esas situaciones de entrenamiento concurrido.
Poco después de su segunda participación, sufrió una fractura de estrés que le impidió asistir a los siguientes clasificatorios. Simultáneamente, estudiaba su carrera universitaria, lo que lo llevó a reducir sus participaciones en competencias. Ricardo menciona que, al sobrepasar los 25 años, los patinadores suelen tener una mayor propensión a las lesiones. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, él nunca ha tenido una operación relacionada con el deporte. Un logro de su "integridad corporal”.
Su retiro llegó en el año 2000, siempre fue el plan. Sin embargo, la vida lo "regresó otra vez al deporte" cuando, en 2002, la Unión Internacional de Patinaje (ISU) lo invitó a ser especialista técnico. Esta oportunidad surgió a raíz de un escándalo de jueces que intercambiaban votos y llevó a la ISU a reformar su sistema.
Como parte de esta reestructuración, seleccionaron candidatos para la posición de "especialista técnico", buscando patinadores neutrales, con profundo conocimiento del deporte y en contacto directo con el patinaje, para así otorgar credibilidad al nuevo sistema. Ricardo recibió una invitación para formar parte de esta primera generación de especialistas técnicos, profesión en la que se ha desarrollado durante los últimos 20 años.
De la subjetividad a la precisión
"Mi medalla de oro es poder compartir lo que sé a quienes no conocen este deporte y puedan entenderle que ya es bastante".
- Ricardo Olavarrieta
El expatinador mexicano explica que el sistema 6.0 era "totalmente subjetivo" porque intentaba englobar la dificultad técnica y la presentación artística en solo dos marcas, lo cual consideraba "imposible" dada la complejidad del deporte. Bajo este sistema, él sentía que su desarrollo atlético no era tan valorado y que el ambiente era "jerárquico", lo que dificultaba el avance para patinadores de países como México.
En contraste, el nuevo sistema está diseñado para evaluar el patinaje de manera más objetiva. En su época competitiva le hubiera gustado ser evaluado con el nuevo sistema que determina los elementos con grados de dificultad específicos y les asigna un valor base. Hay una "mesa técnica", compuesta por dos especialistas técnicos y un controller, que asignan valores de dificultad en tiempo real, basándose en definiciones muy específicas y utilizando video en cámara ultralenta para verificar detalles como el aterrizaje de los saltos y las rotaciones.
Esto permite determinar si un salto está completo o si le falta rotación, lo que afecta su valor. Considera una "maravilla" que los patinadores actuales, especialmente en México y América Latina se beneficien de este sistema más justo y transparente.
Resiliencia sobre hielo y en la vida
Hace 15 años Ricardo recuerda que padeció linfoma de Hodgkin clásico. El proceso de esta enfermedad lo llevó a reflexionar sobre el valor del tiempo. Su recuperación y la forma en que manejó la enfermedad ––con una actitud proactiva de “qué paso sigue, qué tengo que hacer”–– fueron parte de la mentalidad forjada a través del deporte. Esta experiencia lo transformó profundamente.
Como resultado, cambió su enfoque, esforzándose por no preocuparse tanto y por dejar que las cosas fluyan, ya que considera el estrés como una creación mental. Para manejar esto, recurrió a técnicas como el chikung y tai chi ––que ya practicaba–– buscando la tranquilidad y la aceptación de aquello que no puede controlar. Este aprendizaje lo llevó a valorar el tiempo y a usarlo sabiamente, especialmente con sus seres queridos.
