Aguirre, a un paso de la historia: México busca su tercer triunfo mundialista consecutivo

Javier Aguirre tiene 67 años, medio siglo "en el bendito futbol" y lo admitió sin filtros: todavía siente nervios antes de cada partido. "El día que no tenga eso, mejor me voy a mi casa", soltó.
El tema de los debutantes fue el primero en aparecer. Diez jugadores debutaron en el Mundial y el técnico contó que lo primero que hizo fue felicitarlos, concederles el beneficio de la duda por el nerviosismo propio del estreno. Reconoció, sin embargo, que hubo momentos del primer tiempo que no le gustaron —exceso de apertura en la circulación de balón, falta de trabajo en bloque— y lo relacionó con jugadas que son inherentes al futbol: un córner que termina en gol por un descuido individual, un rival que aparece de la nada para empatar.
"Era normal que estuvieran un pelín apretados", explicó, aunque no escondió su exigencia: hubo cosas que no le gustaron, sobre todo el trabajo sin pelota, tanto en bloque bajo como en bloque alto. Puso de ejemplo a Panamá y a Inglaterra para hablar de algo que considera inherente al juego y que la selección intentará minimizar.
Esa misma cuota de autenticidad atravesó toda la conferencia, que el técnico usó para repasar el debut goleador de su selección, la avalancha de cariño que recibió la delegación y la manera en que prepara a su equipo para enfrentar a Corea del Sur, un partido que, de ganarse, significaría algo nunca visto: tres triunfos consecutivos en la historia mundialista de México, sumando el cierre de la Copa anterior y el arranque de esta.
"No sabía lo que armaste ahí con los dos mundiales", respondió, sorprendido por el dato. Fue claro en que no puede —ni quiere— controlar las emociones ni los sueños de los jugadores: "Son muy honestos y sinceros, te diría hasta responsables de sus palabras", añadió, luego de que algunos de sus jugadores, como Gilberto Mora y otros, han expresado que piensan en ganar la Copa del Mundo.
Jugar en casa les da la sensación de que pueden con cualquiera, pero hay que demostrarlo en la cancha, no de palabra, porque en los Mundiales "no hay nada escrito": tanto pueden complicarse los favoritos como dar el golpe los que, en teoría, son inferiores.
Sobre la recepción de la afición, no escondió la emoción: cinco horas de espera de "madres, abuelas, niños, bebés, el mariachi" para saludar al plantel. "Es algo indescriptible, solamente el que está ahí adentro lo puede sentir", compartió, y habló de un calor y un apoyo "verdaderamente fuera de lo común".
Del uso estratégico de las pausas de hidratación —tema que ha generado debate por los cambios de ritmo que producen en los partidos—, Aguirre fue transparente: el cuerpo técnico aprovecha el reglamento. No se puede entrar al campo, pero sí se pueden dar indicaciones mientras los jugadores toman agua, algo que ya ha hecho en otros países. Habló de un trabajo "de mente" más que de gritos, de aprovechar la tecnología —imágenes que le llegan desde el palco— para corregir en tiempo real y se mostró a favor de la comunicación entre el VAR, los árbitros asistentes y el central: "Todo eso ha ido sumando para que veamos un mejor futbol".
Aguirre recordó un amistoso ante Corea del Sur en el que México arrancó ganando y terminó cediendo la ventaja por las transiciones rápidas del rival: una pelota larga al medio campo, una segunda jugada y una velocidad que, admitió, los sorprendió. Esa lección fue parte del trabajo de esta semana.
El análisis táctico más reciente vino de ver el partido de Corea contra República Checa. Ahí ubicó a Son —al que describió como un atacante muy vertical, veloz y con buen pie con ambas piernas, al que hay que evitarle espacios— y a un segundo delantero cuyo nombre dijo no poder pronunciar, autor del gol checo. Destacó también a Lee Kang-in como gran asistidor en ambas anotaciones.
El futbolista que más le sorprendió, por no conocerlo previamente, fue un volante de buena llegada por segunda línea —Hwang In-beom—, a quien identificó como pieza clave del cambio de libreto coreano: antes el doble medio era físico y de recuperación; ahora es más pequeño y ofensivo. Precisamente, ese desdoble de mediocampo fue el que decidió el partido contra los checos.
Sobre Lee Kang-in fue más allá: "Lo quiero como a un hijo, lo vi crecer", expresó y explicó que es un jugador muy difícil de marcar porque, a diferencia de su rol en el PSG, en la selección coreana juega más abierto y busca el carril interno con todo el campo libre para lanzar balones. La instrucción para sus jugadores fue clara: no esperar a que Corea tenga la pelota, sino salir a quitársela entre dos o tres futbolistas a la vez.
En el partido anterior, Sudáfrica jugó buena parte con un hombre menos. Aguirre usó el momento para desmontar lo que llamó "una mentira enorme": que el equipo con 11 jugadores está obligado a golear al que tiene 10. Recordó que el primer tiempo, en igualdad numérica, debió terminar con un par de goles más —dos atajadas vistosas del portero rival y un balón que se fue al poste—, y que, ya con la superioridad numérica a favor, el segundo tiempo fue, paradójicamente, más complicado para encontrar espacios. "Cuando me tocó jugar a mí con 10, te pones más alerta", explicó, describiéndolo como un esfuerzo doble para compensar la ausencia de un compañero.
En la conferencia anterior, Aguirre había reconocido frente a la prensa que sintió que el equipo pudo haber ido por más goles ante la superioridad numérica y que habló con los jugadores al respecto.
Sobre los cambios obligados por la baja de César Montes, fue categórico: lo vive con tranquilidad porque no maneja titulares ni suplentes. "Si no está, no está", repitió e insistió en que no va a inventar discursos ni rasgarse las vestiduras por algo que no ha hecho nunca como entrenador. "Estoy cómodo con los 26, juegue quien juegue".
Esta es su tercera Copa del Mundo como director técnico y contó que la víspera de cada partido sigue dándole vueltas a la alineación y a los posibles cambios. Compartió una anécdota doméstica: su esposa le reclama que, aun estando con ella, sigue "ahí, dando vueltas" mentalmente al partido. "La comunicación con los 26 no te deja de ser entrenador ni un segundo", sostuvo.
Aguirre señaló que no imagina escenarios antes de los partidos. "Soy malo para imaginarme cosas, prefiero ir con pies firmes". Adelantó que México buscará imponer su forma de juego desde los primeros veinte minutos y que, a partir de ahí, decidirá sobre la marcha, algo que dijo no haber hecho ni siquiera cuando era jugador.
Habló también de las opciones que tiene en una posición que no quiso revelar del todo. Mencionó a cuatro futbolistas distintos entre sí: Santi, quien llegó con menos ritmo por apenas 219 minutos jugados; "La Hormiga", a quien describió como una sorpresa para todos, llevado hasta ahí por los goles; Raúl y Memo, a quienes calificó como jugadores contrastados. "Con los cuatro puedo estar tranquilo", aseguró.
Sobre si existe una sede capaz de igualar el peso histórico del Azteca, recordó que estuvo presente en el Mundial de 1986 y que fue, en sus palabras, un foro espectacular. Mencionó también el trato que ha recibido en Guadalajara, Puebla, San Luis y Querétaro, y evocó el Mundial de 1970, cuando vio a Italia avanzar a la final contra Brasil. Pero matizó la idea de que el Azteca sea una superstición: para él, Guadalajara es tan "su casa" como Monterrey —"el Gigante de Acero"— o cualquier otra ciudad donde juegue la selección, incluida Tijuana. "Es nuestro México, nuestro país", cerró.
