El verdadero examen del Mundial 2026 empieza ahora

Un análisis de México Evalúa advierte que el verdadero impacto del Mundial 2026 dependerá de la transparencia, el costo fiscal y el legado que deje en México, Estados Unidos y Canadá.
El verdadero examen del Mundial 2026 empieza ahora
El verdadero examen del Mundial 2026 empieza ahora / Hector Quintanar/Getty Images

Trece mil 900 millones de dólares: esa fue la cifra que acompañó al Mundial 2026 antes de que rodara el primer balón. Ahora que el torneo terminó, alguien tiene que decir cuánto de esa promesa se cumplió.

En Toronto desarman las gradas temporales, tornillo por tornillo. En la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, los operativos del Plan Kukulcán guardan los radios de emergencia. Las pantallas que durante un mes transmitieron el marcador del primer Mundial trinacional de la historia por fin se apagan. Y ahí, en ese silencio posterior a la fiesta, empieza la parte del torneo que nadie transmite: la de las cuentas.

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Un análisis publicado por el centro de pensamiento México Evalúa examina si los megaeventos deportivos pueden dejar algo más que un buen recuerdo. El documento, construido sobre la metodología que la OCDE publicó en 2023 para medir el impacto de eventos culturales, deportivos y empresariales, plantea que la respuesta no depende de los estadios ni de los récords de asistencia, sino de si los gobiernos anfitriones logran demostrar, con evidencia pública y comparable, qué costó el torneo y qué quedó de él.

La cautela tiene respaldo estadístico. Las proyecciones previas al Mundial hablaban de 13,900 millones de dólares en inversión, un impacto agregado de hasta 80 mil millones y 824 mil empleos en todo el planeta; para México, la Femexfut estimaba 5.5 millones de turistas adicionales, mil millones de dólares en derrama económica y 24 mil empleos.

Pero un estudio de 2025 encontró que 12 de los últimos 14 mundiales terminaron con pérdidas netas para el país anfitrión, y otro de 2022 calculó, entre Juegos Olímpicos y Copas del Mundo de 1964 a 2018, costos promedio de 2,800 millones de dólares frente a ingresos promedio de apenas 1,700 millones: un retorno negativo del 38 por ciento.

La historia reciente confirma el patrón con nombres propios. Japón convirtió la seguridad en su legado más sólido —tolerancia cero a los hooligans, escuelas cerradas durante los partidos de riesgo— pero el beneficio económico apenas rozó el 0.1% de su PIB. Corea del Sur construyó diez estadios nuevos que hoy cargan con déficits permanentes de mantenimiento.

Sudáfrica levantó zonas de exclusión comercial alrededor de sus sedes y, según documentó la organización StreetNet, hasta 100 mil vendedores ambulantes perdieron temporalmente su fuente de ingreso. Brasil vio cómo el Estadio Mané Garrincha triplicó su presupuesto original en medio de denuncias por irregularidades.

Alemania 2006, en cambio, aparece como la referencia obligada: reutilizó diez de sus doce estadios, ató cada boleto a un pase de transporte público que utilizó el 74% de los asistentes, y logró que la percepción positiva del país entre visitantes extranjeros saltara de 19.4% a 76.7% después del torneo.

México llega a esta prueba con un desafío que ninguno de esos antecedentes tuvo que resolver: ser, a la vez, uno de tres países anfitriones. La coordinación entre Guadalajara, Monterrey y la capital —cada una con su propio nivel de transparencia y su propia mesa de decisiones— se convirtió en el verdadero reto organizativo, más que la infraestructura misma.

El Plan Kukulcán y la Mesa FIFA de Seguridad ofrecieron un mecanismo de coordinación entre los tres órdenes de gobierno, pero México Evalúa no halló un solo indicador público que permita saber si esas estrategias de movilidad y seguridad funcionaron, algo que Alemania sí documentó con su 74% de uso de transporte público y que Corea del Sur sí midió con datos de velocidad y flujo vehicular.

El mismo vacío se repite en el terreno económico. Existen programas de capacitación para que las pequeñas y medianas empresas se sumen a la derrama del torneo, pero no hay cifras que digan cuántas lo lograron ni si esa participación sobrevivirá ahora que el Mundial ya se fue. Y en materia de transparencia, México sí construyó plataformas digitales para dar seguimiento a la obra pública asociada al torneo —un avance real, según el propio reporte—, pero buena parte de los convenios firmados con la FIFA permanece reservada, y todavía no existe una cifra consolidada de lo que costó el Mundial en exenciones fiscales, seguridad extraordinaria y obra pública.

Estados Unidos y Canadá no salen mejor librados. Washington montó un aparato migratorio dual: citas consulares prioritarias para los aficionados con boleto, mientras las restricciones de viaje vigentes mantenían cerrada la entrada a nacionales de hasta 39 países, incluidos al menos cuatro que clasificaron al torneo.

Canadá vio cómo sus presupuestos se desbordaron en tiempo real: Toronto pasó de 300 a 380 millones de dólares canadienses, Vancouver de 230 a 624 millones, y Montreal terminó por retirar su candidatura cuando Quebec se negó a respaldarla financieramente.

Frente a ese panorama, México Evalúa no pide más estadios ni más cifras optimistas. Pide una auditoría del legado: un costo fiscal consolidado que incluya cada exención otorgada; un análisis que distinga qué mejoras urbanas nacieron realmente del Mundial y cuáles habrían llegado de todos modos; encuestas que respondan si los beneficios alcanzaron a los vendedores informales y a las MiPyMES o se quedaron en las grandes cadenas; y, sobre todo, una evaluación independiente a uno, cinco y diez años que ponga en la misma tabla a México, Estados Unidos y Canadá. Ser el primer Mundial de tres países podría convertirse también en el primer Mundial que se somete a una evaluación comparable entre sus tres sedes.

Las gradas temporales de Toronto seguirán ahí unos días más, a medio desarmar. Los radios del Plan Kukulcán volverán al almacén. Y cuando las pantallas terminen de apagarse en las tres sedes mexicanas, lo único que quedará encendido será la pregunta que nadie contestó antes de que empezara la fiesta: cuánto costó y quién lo pagó.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.