"Es creértela": Oribe Peralta y el espejo de una generación que ya no le teme a la historia

Oribe Peralta analiza el presente de la Selección Mexicana en el Mundial 2026, el liderazgo de Javier Aguirre, el crecimiento de Gilberto Mora y la mentalidad que, a su juicio, puede llevar al Tri a hacer historia.



Oribe Peralta considera que la principal fortaleza del Tri en el Mundial 2026 es la convicción de competir contra cualquiera.
Oribe Peralta considera que la principal fortaleza del Tri en el Mundial 2026 es la convicción de competir contra cualquiera. / Manuel Guadarrama/Getty Images

Oribe Peralta ya no corre detrás de la pelota. Ahora observa los partidos desde un costado, con esa serenidad que solo concede el tiempo cuando uno ya conoció la gloria, la derrota y la presión de los escenarios más grandes. Terminó la goleada de México sobre Chequia y, mientras el Estadio Azteca seguía celebrando, el héroe olímpico de Londres 2012 miraba a esta selección con una sensación difícil de explicar.

No porque juegue igual a la suya. No porque tenga los mismos nombres. Sino porque reconoce algo que hace catorce años también distinguía a aquel grupo que conquistó el oro en Londres: la personalidad.

"Tienen compromiso. Tienen hambre. Ellos quieren hacer su propia historia, dejar su propio legado", dijo en entrevista con Sports Illustrated.

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Hay pocas voces en el fútbol mexicano con la autoridad para decirlo sin que suene a un lugar común. Oribe es una de ellas.

Durante décadas, el fútbol mexicano buscó respuestas en el talento. Pasaron generaciones llenas de figuras, selecciones que parecían capaces de competir contra cualquiera y que, una y otra vez, terminaron golpeándose contra el mismo muro cuando llegaban los partidos que definían la historia.

Por eso llama la atención que, cuando describe a este México, Oribe apenas hable de talento.

"Pudiéramos decir que no es una generación con mucho talento, pero sí creo que es una generación con mucha personalidad. Muchos dudaban del liderazgo que había dentro de la selección. Creo que hoy están mostrando esa personalidad y que no le tienen miedo a los retos".

El talento nunca ha sido una rareza en México. Lo que casi siempre faltó fue esa convicción silenciosa que permite competir sin complejos, la capacidad de llegar al momento decisivo convencido de que el rival también puede perder. Oribe tuvo que aprender esa lección dentro de la cancha. Hoy cree que esta generación parece haber llegado al Mundial con ella incorporada.

Entonces aparece la frase que resume toda su explicación: "Es creértela".

No habla de arrogancia. Habla de convencerse de que se pertenece a ese escenario. De jugar sin que el peso de la historia paralice las piernas.

"Es entender que estás ahí para competir al máximo. Si ganas, qué bueno, pero debes quedarte satisfecho. Al final es eso: dar lo mejor que tenías por alcanzar tu sueño. Y, si no lo alcanzas, irte con la cara en alto".

Si los futbolistas han encontrado esa personalidad, Oribe cree que mucho tiene que ver Javier Aguirre. No por la táctica. Ni por el sistema. Sino porque pocos entienden mejor lo que significa disputar un Mundial en casa.

"Javier entendió perfectamente lo que era jugar un Mundial en casa. Lo vivió como jugador y sabe lo que siente el futbolista. Supo cómo comprometerlos al darles minutos, para que vivieran esa experiencia".

La decisión del Vasco fue poco común. Convocó a 26 jugadores y utilizó a 25. Quince de ellos debutaron en una Copa del Mundo. En cualquier selección sería una cifra extraordinaria; en un anfitrión, donde normalmente prevalece el miedo a equivocarse, resulta todavía más llamativa.

Aguirre hizo exactamente lo contrario. Repartió la experiencia. Quiso que casi todos supieran lo que significa escuchar el silbatazo inicial de un Mundial en su propio país.

Oribe entiende perfectamente por qué.

"Como jugador lo valoras muchísimo y te comprometes con el entrenador, con el sistema, con tus compañeros, con todo. Porque esa satisfacción tan grande de poder enfrentar un Mundial en tu país muy pocos tienen la fortuna de vivirla. Y créanme que yo cambiaría muchas cosas de las que pasaron en mi carrera por tener ese sentimiento y esa emoción de poder vivirlo aquí".

Peralta jugó dos Copas del Mundo. Fue campeón olímpico. Levantó títulos con Santos y América. Marcó algunos de los goles más importantes en la historia reciente del fútbol mexicano.

Y, aun así, cambiaría buena parte de todo eso por disputar un Mundial como local. Quizá por eso habla de estos futbolistas sin rastro de nostalgia. Más bien parece disfrutar que otros estén viviendo el sueño que a él nunca le tocó.

Cuando la conversación aterriza en nombres propios, Oribe deja por momentos el papel de analista y habla como alguien que entiende el oficio desde adentro.

De Raúl Jiménez destaca el gran momento que atraviesa, aunque reconoce que por momentos queda demasiado aislado. Del "Piojo" Alvarado valora su capacidad para romper líneas y liberar espacios para el centro delantero. De Guillermo Martínez rescata la paciencia que mostró ante Chequia para construir el segundo gol. De Santiago Giménez subraya una virtud poco visible: la capacidad de convivir futbolísticamente con otros atacantes sin generar conflictos.

En el fondo, dice, Aguirre armó una delantera con perfiles distintos para responder a cualquier tipo de rival. Pero hay un nombre que cambia el tono de la conversación.

Gilberto Mora. "No me sorprende".

La explicación no empieza con el mediocampista de 17 años, sino con su padre. Oribe compartió vestidor con él en Jaguares de Chiapas cuando Gilberto apenas era un niño.

"Siempre fue un tipo muy centrado, que se preocupaba mucho por su familia y por su entorno. Crecer en esas condiciones, convivir todo el tiempo con el balón, hace que tome estas decisiones y que tenga esta personalidad".

Por eso, lo que el país observa con asombro, a él le parece la consecuencia lógica de una formación bien llevada.

Ante Chequia, Mora protagonizó una jugada impropia de un futbolista de su edad. Recibió la pelota en una zona comprometida, esperó el momento justo y filtró el pase exacto para fabricar el segundo gol.

Oribe se fija precisamente en eso. No en el pase. No en la asistencia. Sino en la calma.

"Cuando toma la pelota se nota la diferencia. El temple. La personalidad. No le quema la pelota a un chico de 17 años. Tiene la capacidad de soportarla y llevar el partido a su ritmo".

La conversación inevitablemente deriva hacia los naturalizados. Álvaro Fidalgo acababa de marcar su primer gol con el Tri. Julián Quiñones ya suma dos goles en el torneo. Oribe responde sin extremos.

"A mí lo que no me parece correcto son las formas. Si trabajas en los proyectos para generar jugadores en categorías inferiores, no tienes la necesidad de naturalizar a jugadores extranjeros". Pero inmediatamente matiza:

"El caso de Quiñones, el caso de Fidalgo, son grandes jugadores. Hoy en la selección están dando lo mejor de sí".

Para él existe una diferencia importante entre recurrir a naturalizaciones por necesidad y contar con futbolistas que crecieron dentro del fútbol mexicano, que hicieron aquí su carrera y que sienten esos colores como propios.

"Quiñones se negó a ir a Colombia cuando lo buscaron porque hizo toda su carrera aquí. Y Fidalgo también llegó muy joven. Son jugadores que crecieron aquí y conocen perfectamente la cultura mexicana".

El debate de fondo permanece, dice. México debe formar futbolistas propios. Pero, en medio de un Mundial donde ambos ya marcaron goles decisivos, la discusión pierde fuerza frente a la realidad del campo.

Hace catorce años, Oribe Peralta encabezó a una generación que tampoco era favorita y que terminó por vencer a Brasil en una final olímpica. Aquella selección encontró una virtud que muchas veces había faltado en el fútbol mexicano: creer que podía ganar antes de demostrarlo.

Hoy observa a este grupo y encuentra el mismo rasgo. Cuando se le pregunta hasta dónde puede llegar México, habla de cuartos de final. Incluso de semifinales. Pero antes del pronóstico deja la idea que considera verdaderamente importante.

"Para ser campeón tienes que ganarle a todos y a los mejores. No depende de nadie más que de ellos: de la entrega, del esfuerzo, de la dedicación y de las ganas que tengan de querer ganar".

Hace una pausa. Y vuelve a la frase que, quizá, explica mejor a esta selección que cualquier análisis táctico: "Es creértela."


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.