"Esta noche era para los mexicanos": Aguirre y el día que México sanó una herida de 40 años

Javier Aguirre celebró el triunfo de México sobre Ecuador, el pase a octavos de final y el fin de una racha de 40 años sin ganar una eliminatoria mundialista.
Javier Aguirre aseguró que la victoria sobre Ecuador fue una noche inolvidable
Javier Aguirre aseguró que la victoria sobre Ecuador fue una noche inolvidable / Luke Hales/Getty Images

Javier Aguirre apareció en la conferencia con la serenidad de quien acaba de saldar una deuda de toda una vida. México acababa de vencer 2-0 a Ecuador, clasificar a los octavos de final del Mundial 2026 y terminar con cuatro décadas sin volver a ganar un partido de eliminación directa. Entre récords históricos, un Azteca rendido y la confesión de que él también cargaba esa cicatriz, el técnico dejó claro que el mayor triunfo no estaba en las estadísticas, sino en haberle devuelto la ilusión a un país entero.

Cuarenta años cabían en un abrazo. En el silbatazo final se mezclaron generaciones enteras que habían esperado este momento: los que lloraron en 1994, 1998, 2002, 2006, 2010, 2014, 2018 y 2022; los que crecieron escuchando que el quinto partido era una maldición; y un entrenador que llevaba dos décadas cargando esa herida.

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México venció 2-0 a Ecuador, rompió la barrera que parecía imposible y escribió una de las noches más importantes de su historia mundialista. Cuando Aguirre apareció en conferencia, ya no hablaba sólo como seleccionador nacional: hablaba como uno de los mexicanos que también esperó cuarenta años para vivir este momento: volver a ganar una eliminatoria mundialista, algo que ya había conseguido como jugador en 1986.

"Soy uno de esos que no pudo pasar al quinto partido", confesó. "Me pasó en Corea y en Sudáfrica y duele mucho porque haces una buena primera fase y te quedas en el camino. Hoy creo que fue una bonita noche para los mexicanos".

El triunfo no sólo terminó con una sequía que se remontaba a México 1986, cuando el Tri eliminó a Bulgaria. También consolidó a esta Selección como la mejor versión estadística que ha tenido el país en una Copa del Mundo.

Los récords siguieron acumulándose. México alcanzó cinco victorias consecutivas en un Mundial por primera vez en su historia; mantuvo cuatro partidos consecutivos sin recibir gol, igualando una marca histórica que databa de los Mundiales de 1966 y 1970; amplió a 15 tiempos consecutivos sin permitir una anotación, una cifra nunca antes conseguida por el combinado nacional; después de firmar la primera fase de grupos perfecta con nueve puntos, rompió la barrera que durante cuatro décadas había frenado a todas las generaciones mexicanas.

Pero para Aguirre, el dato más importante no aparecía en ninguna estadística. "La comunión que encontramos con la gente es un impulso extra", explicó. "La afición, el pueblo mexicano, merecía una noche como esta".

Fue una idea que repitió una y otra vez durante la conferencia. Más que hablar del planteamiento táctico o de los goles, el técnico volvió constantemente a la conexión que este equipo ha construido con su gente. Incluso comparó el ambiente con el de México 1986, aunque reconoció que hoy la exposición es mucho mayor por las redes sociales y el seguimiento mediático.

"La cancha sigue siendo la misma. Los mexicanos seguimos siendo guerreros, luchones, peleones. Lo que cambió fue la resonancia que tiene todo esto".

Aguirre también explicó por qué considera que el partido tuvo un valor especial desde el punto de vista futbolístico. Ecuador llegaba como uno de los equipos más intensos para recuperar la pelota, con una defensa que apenas había permitido cinco goles durante toda la eliminatoria sudamericana.

"Hoy fuimos valientes", resumió. "Ellos normalmente juegan en campo rival y recuperan muy rápido el balón, pero conseguimos salir jugando, hacerlos retroceder y eso fue muy importante".

Aunque varios periodistas calificaron la actuación como la mejor de México en muchos años, el entrenador evitó caer en comparaciones. "Ha habido partidos históricos. Éste fue muy completo y seguramente será para recordar, pero no me gusta compararlos".

Uno de los temas que más orgullo le produjo fue el ambiente interno del plantel. Después de casi dos meses de concentración, lejos de aparecer el desgaste, Aguirre describió un grupo fortalecido.

"Es difícil usar esa palabra en el futbol, pero somos una verdadera familia. Los que juegan, los que no juegan, todos empujan para el mismo lado".

También rechazó la idea de que el equipo tenga ahora una obligación distinta rumbo a los cuartos de final. "Nuestra obligación es representar dignamente a nuestro país y defender el escudo nacional con dignidad. Las demás obligaciones las ponen ustedes".

En lo individual, dedicó un reconocimiento especial a Julián Quiñones, quien volvió a ser determinante en el ataque. "Entiende perfectamente la posición que queremos de él. Se sacrifica muchísimo, trabaja sin balón, tiene potencia y además está haciendo goles".

También reveló que el delantero terminó con una ligera molestia en la banda iliotibial derecha, producto del enorme desgaste físico.

Otro de los pilares del éxito, insistió, ha sido la defensa. México volvió a dejar su portería en cero y confirmó que la solidez defensiva es una de las grandes fortalezas de esta Copa del Mundo.

Aguirre destacó la actuación de Raúl Rangel, el trabajo aéreo de César Montes, Johan Vásquez y Jesús Gallardo, además de la madurez con la que el equipo resistió el empuje ecuatoriano durante el segundo tiempo.

"No me gusta que el equipo se eche atrás, pero hoy el partido lo pedía. Mostramos madurez, no perdimos el orden y supimos sufrir".

Sobre el siguiente rival, Inglaterra o Congo, fue contundente. "No estoy para escoger. Los dos tienen muchísimas cualidades. Desde mañana empezaremos a preparar el siguiente partido".

Uno de los momentos más emotivos llegó cuando le preguntaron qué representa dirigir a México siendo mexicano. Aguirre recordó que creció en la colonia Lindavista, que es hijo de migrantes españoles y que sus padres le enseñaron a amar profundamente al país.

"Darle una alegría a nuestra afición y a nuestro pueblo es lo mejor que nos puede pasar".

También tuvo palabras de reconocimiento para Rafa Márquez, a quien calificó como una pieza fundamental del proyecto. "Cuando me preguntaron si quería trabajar con Rafa no lo dudé ni un segundo. Nos ha enseñado muchísimo. Tiene una enorme experiencia y estamos en muy buenas manos para lo que sigue".

La noche todavía le tenía reservada una sonrisa más. Aguirre reveló que apenas un día antes había nacido su tercer nieto. "Ayer fui abuelo por tercera vez. Trajo torta bajo el brazo", dijo.

Cuando terminó la conferencia, Aguirre dejó una última imagen imposible de ignorar. Horas antes había nacido su tercer nieto; unas horas después acababa de romper la maldición que había perseguido a varias generaciones del futbol mexicano y a él mismo como entrenador. Sonrió, dijo que sólo le faltaba "un whisky con hielo" para cerrar la noche y se levantó de la mesa.

Afuera, el Azteca seguía cantando. Adentro, México acababa de cerrar una herida de cuarenta años y de abrir, quizá por primera vez en mucho tiempo, la puerta para creer que la historia todavía puede escribirse de forma diferente.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.