Inglaterra ya siente el peso del Azteca; “No estamos aquí por revancha": Tuchel

Cuarenta años después de 'La Mano de Dios', Inglaterra vuelve al Azteca con la convicción de escribir su propio capítulo frente a una selección mexicana que Tuchel ya considera de élite.
Cuarenta años después de la Mano de Dios, Inglaterra vuelve al Azteca sin ánimo de revancha, sino con la convicción de escribir su propio capítulo frente a una selección mexicana que Thomas Tuchel ya considera de élite.
Cuarenta años después de la Mano de Dios, Inglaterra vuelve al Azteca sin ánimo de revancha, sino con la convicción de escribir su propio capítulo frente a una selección mexicana que Thomas Tuchel ya considera de élite. / Richard Pelham/Getty Images

Cuarenta años después de La Mano de Dios, Inglaterra vuelve al Azteca sin ánimo de revancha, sino con la convicción de escribir su propio capítulo frente a una selección mexicana que Thomas Tuchel ya considera de élite.

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Thomas Tuchel descendió del autobús y entendió que el partido ya había comenzado. No había balón en movimiento ni himnos que sonaran todavía, pero el Mundial respiraba distinto en la Ciudad de México. Las calles, el hotel, la mirada de la gente y la silueta del Estadio Azteca le confirmaron algo que ya sospechaba: Inglaterra no enfrentará solamente a once futbolistas, sino a un escenario que construyó su propia leyenda con el paso de las décadas.

No fue una conferencia de frases incendiarias ni de provocaciones. Inglaterra llegó con respeto. Mucho respeto. "Sabíamos que veníamos a un estadio icónico, a un partido enorme de eliminación directa contra México. Desde que llegamos sentimos la emoción de la ciudad y el compromiso que existe con este Mundial", explicó Tuchel, consciente de que el Azteca no es solo una cancha, sino una atmósfera capaz de inclinar un partido antes del silbatazo inicial.

Sobre el ambiente que espera encontrar, el alemán fue claro: no habrá hostilidad, sino la fuerza natural de una afición que empuja a los suyos. "No esperamos un ambiente hostil, pero sí uno completamente entregado a México. Este estadio puede generar momentos de impulso para el equipo local y somos plenamente conscientes de ello".

Le recordaron entonces uno de los episodios más dolorosos para el futbol inglés: la derrota ante Argentina en el Mundial de 1986, también en el Azteca, marcada para siempre por La Mano de Dios y el Gol del Siglo de Diego Maradona. Cuarenta años después, el fantasma seguía ahí, latente en la pregunta. Pero Tuchel cerró de un tajo cualquier lectura nostálgica.

"No estamos aquí para vengar nada. Estamos aquí para escribir nuestro propio capítulo".

Más allá del simbolismo del estadio, Inglaterra dedicó buena parte de su preparación al análisis del equipo de Javier Aguirre. Tuchel describió a México como un rival moderno, flexible y difícil de descifrar.

"Hemos estudiado todos sus partidos. Cambian constantemente de sistema, presionan alto, saben defenderse cerca de su portería y tienen mucha movilidad en ataque. Es un equipo con muchísimo talento".

Incluso colocó al Tricolor entre las selecciones de mayor nivel del torneo, con el respaldo de los resultados recientes ante Bélgica y Portugal.

"Han conseguido grandes resultados recientemente ante selecciones importantes. Tenemos un enorme respeto por ellos".

Sobre la altitud de la Ciudad de México, no hubo evasivas ni promesas vacías. Tuchel reconoció que el equipo ya sintió sus efectos durante los entrenamientos y anticipó que los primeros minutos del partido serán, sin duda, los más exigentes.

"Es imposible adaptarse completamente en un solo día. Creemos que México intentará aprovechar esos primeros 15 o 20 minutos con mucha intensidad".

Aun así, dejó claro que no habrá espacio para las excusas y desmintió los rumores sobre un supuesto uso de oxígeno como estrategia especial para combatir la altura. También confirmó una buena noticia para su plantilla: Reece James podría estar disponible para el banquillo. "Sabemos cuáles son las condiciones y simplemente debemos encontrar soluciones".

Ese mismo mensaje lo respaldó Jordan Henderson. El veterano mediocampista, quien disputa su cuarto Mundial, confesó que difícilmente vivió un desafío comparable, ni siquiera en las finales continentales que marcaron su trayectoria.

"He jugado finales de Champions League, pero no creo que exista algo parecido a jugar un Mundial contra México, en México y en este estadio".

El capitán inglés fue enfático sobre las condiciones alrededor del encuentro: la altura, el horario, el hotel. Factores, admitió, que escapan por completo a su control. "La altura, el horario o el ambiente no dependen de nosotros. Lo único que podemos controlar es nuestro rendimiento. No habrá excusas".

Henderson reconoció que la altitud se percibe desde que el equipo aterriza en la capital mexicana y que durante los primeros minutos de entrenamiento el esfuerzo físico aumenta, aunque confía en que, una vez que ruede el balón, toda la atención estará puesta en el partido y no en el aire que falta.

Mientras México busca prolongar la mejor Copa del Mundo de su historia bajo el mando de Javier Aguirre, Inglaterra llegó convencida de que necesitará su actuación más completa del torneo para sobrevivir al Azteca. No llegó con promesas de superioridad. Llegó con respeto, con preparación y con una certeza compartida por entrenador y capitán: enfrentar a México en su casa no es un partido cualquiera.

Tuchel lo resumió con una frase que funciona casi como sentencia y que regresa, inevitablemente, al punto exacto donde comenzó su discurso frente a los micrófonos:

"No creo que exista algo comparable a jugar un Mundial contra México en el Azteca. Este tipo de partidos sacan la mejor versión de cualquiera".


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.