Javier Aguirre destaca la madurez de una generación sin complejos

La Selección Mexicana cerró la fase de grupos perfecta. El triunfo sobre Chequia no sólo aseguró el pleno de nueve puntos, algo nunca antes conseguido por el Tri en una Copa del Mundo, también confirmó la solidez de un equipo que ha aprendido a reaccionar cuando los partidos se complican.
Más allá de los goles y los récords, Javier Aguirre destacó la esencia de un grupo que considera diferente a otras generaciones. Para él, la principal fortaleza está en la naturalidad con la que los jóvenes enfrentan la presión mundialista.
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“Es una generación que no se asusta, que no le quema la pelota. Lo toman todo con mucha naturalidad. No se agobian, se divierten jugando”, explicó.
Nombres como Mateo Chávez, Gilberto Mora, Obed Vargas y varios de los debutantes representan, según Aguirre, la base del futuro del futbol mexicano. Futbolistas que conviven con referentes experimentados en un vestidor donde, asegura, el compañerismo se ha convertido en una de las mayores fortalezas.
“Hay gente muy mayor y hay muchachos que apenas empiezan. Eso me gusta porque son el futuro y tenemos una buena base para lo que viene”, añadió.
El técnico mexicano evitó cualquier exceso de confianza. Mientras el entorno celebraba una noche histórica en el Estadio Azteca, Aguirre mantuvo los pies sobre la tierra.
“Prefiero ir paso a paso y vivir el momento”, explicó cuando fue cuestionado sobre sus sueños de cara a las rondas de eliminación directa.
El partido estuvo lejos de ser perfecto para el seleccionador. De hecho, reconoció que los primeros minutos le generaron preocupación. Chequia cambió el estilo que esperaba México y encontró espacios que pusieron en aprietos a la defensa nacional.
“Las dos primeras llegadas al área sí me sorprendieron. Cambiaron el estilo, dejaron el golpeo largo y empezaron a jugar más por abajo. Nos complicaron”, admitió.
La diferencia apareció cuando México logró ajustar. Aguirre movió piezas, cerró espacios interiores y recuperó el control de la pelota. A partir de ahí, el encuentro comenzó a inclinarse del lado local.
“No fue un primer tiempo brillante, pero nivelamos las acciones. En la segunda parte creo que fuimos muy superiores”, señaló.
La noche también tuvo un componente emocional. Cuando Guillermo Ochoa ingresó al campo en medio de una ovación ensordecedora, el Azteca se rindió ante uno de los símbolos más importantes del futbol mexicano.
Aguirre defendió la decisión de darle minutos al histórico guardameta y descartó cualquier influencia externa. “Yo sentía que Memo debía jugar. Hoy era una noche para que México disfrutara a su leyenda”, afirmó.
El técnico también dedicó palabras de reconocimiento a Julián Quiñones y Álvaro Fidalgo, dos futbolistas que eligieron representar a México y que han encontrado un papel determinante en el proyecto.
“Lo único que importa es que quieren mucho a este país y quieren seguir logrando cosas”, señaló.
Por eso, aunque el 9 de 9 ya forma parte de la historia, Aguirre insiste en mirar hacia adelante. El entrenador sabe que los récords sirven para alimentar la ilusión, pero también entiende que el verdadero examen comienza ahora.
“Las estadísticas van creciendo, pero lo verdaderamente importante es lo que sigue. Mañana ya pensamos en el próximo rival”.
México avanzó con paso perfecto. El Azteca celebró, Ochoa recibió una despedida que pareció homenaje y una nueva generación volvió a demostrar que no le teme a los escenarios grandes. Para Aguirre, sin embargo, la historia todavía está lejos de escribirse completa.
