Johan Vásquez: el muro de la Selección Mexicana que nadie vio venir

El defensa central sonorense atravesó varios obstáculos hasta llegar a la Selección mexicana, donde buscará trascender en la Copa del Mundo 2026.
Johan Vásquez es el bastión de la defensa mexicana.
Johan Vásquez es el bastión de la defensa mexicana. / MexSport Sports Agency

Rigoberto "Zito" Vásquez recuerda con precisión el día que su hijo regresó a Navojoa con las manos vacías. No desde uno, sino desde varios clubes. Pumas lo rechazó siendo niño. Pachuca también. Tigres lo aceptó en la Sub-17 y luego lo dejó ir. Johan tenía trece, catorce años y ya conocía el sabor de que alguien le dijera que no. 

Volvió a su tierra, a la ciudad beisbolera del sur de Sonora donde el futbol era una rareza que su padre había sembrado contra toda lógica y se puso a ayudar en el remolque de mariscos. Iba por las tortillas, preparaba los alimentos, atendía las mesas mientras terminaba la secundaria abierta. No era un capítulo menor. Era la amenaza real de que la historia terminara ahí. No terminó.

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En Navojoa nadie creyó que un futbolista nacido ahí llegaría a la Primera División. Mucho menos que sería medallista olímpico. Mucho menos que jugaría en la Serie A de Italia. Pero Zito sabía algo que el resto no. Desde chiquito, Johan se subía a su camioneta: vámonos a entrenar. Entrenaba con los equipos que él dirigía en la secundaria y la prepa del Tecnológico de Monterrey en Navojoa. La familia Vásquez era reconocida por dos cosas: el restaurante de mariscos más famoso de los alrededores y una academia de futbol que formaba jóvenes talentos. El mayor, Rigo, fue primero, probó en Cruz Azul. Johan, al que en Navojoa llaman "Pipe" o "Felipín", siguió sus pasos. 

Le gustaban mucho los gallos. Llegó a tener hasta 10 por la casa. No los echaba a pelear, sino que le gustaba cuidarlos. Hay algo revelador en ese detalle: un chico que prefería proteger antes que destruir, que encontraba placer en sostener lo vivo. El tiempo demostraría que eso lo definiría también dentro de la cancha. 

Hoy, Johan lo dice con la sencillez de quien ya procesó el dolor y lo convirtió en combustible: "Doy gracias a Dios por todo lo que pasé. Lo agarramos por el lado positivo. Son cosas que te hacen crecer como humano y como futbolista". Y luego, antes de que la emoción llegue a desbordarse, agrega: "No me gusta mucho entrar en eso porque son sentimientos encontrados".

Eso es Johan Vásquez. No entra donde no quiere entrar. Pero cuando lo hace, lo hace entero.

La salvación llegó donde no la esperaba. Cimarrones de Sonora lo recibió. "De Sonora, zurdo y con 18 años. El futbol es identidad y arraigo; Johan encajaba perfecto", explicó Mario García, quien lo debutó en el Ascenso. Su debut profesional fue el 21 de julio de 2017 contra los Murciélagos. El primero en la historia para un futbolista de Navojoa. Su hermano Rigo lo vivió desde las gradas y lloró. 

Rayados vio lo que los otros habían ignorado. En 2018 pagó dos millones de dólares, el movimiento más costoso en la historia del Ascenso MX. Pero en Monterrey los minutos llegaban a cuentagotas. El debut en Liga MX llegó contra Cruz Azul en el Azteca, curiosamente por una lesión de César Montes, otro sonorense. La ironía era completa: el mismo club que antes le había cerrado la puerta ahora lo convocaba por necesidad. Y en el futuro, sustituyó al que sería su pareja en la central en el Mundial de 2026.

Entonces apareció el club que años antes también lo había rechazado: Pumas.

El 7 de enero de 2020 se oficializó la cesión al Club Universidad Nacional. Fue titular indiscutible desde su primera práctica. El Clausura fue suspendido por la pandemia. En el Guardianes 2020, Pumas llegó al subcampeonato. Ciudad Universitaria lo recibió como si siempre hubiera pertenecido ahí. Fue Andrés Lillini quien lo consolidó como titular, figura y posteriormente referente. El chico al que los Pumas de fuerzas básicas habían desechado años antes era ahora inamovible en el once. 

Tokio 2021 fue la prueba más dura que había enfrentado. Con la selección olímpica, en semifinales contra Brasil, México cayó en penales. Johan fue uno de los jugadores que erró su tiro. El peso de esa falla en el momento más grande de su vida hasta entonces podría haber quebrado a cualquiera. Pero tres días después, contra Japón, apareció en el área rival y cabezeó para el 2-0. Luego, con la medalla de bronce colgada al cuello, dijo en voz baja algo que resume quién es: "Uno de chico lo sueña, veía los reportajes. No tenía ni poquita idea de cómo iba a ser cuando lo viviera”.

De toda la generación de bronce en Tokio 2020, solo Johan Vásquez pudo concretar el sueño de jugar en Europa. Los otros nombres que llenaron portadas ese verano se quedaron en Liga MX. Él cruzó el Atlántico. 

Italia no fue fácil. Llegó al Genova en 2021. El equipo descendió. Johan fue cedido al Cremonese y ahí conoció otras puertas: partidos donde perdió la titularidad, convocatorias a la selección donde se sentía relegado. "Yo iba a selección, no me tocaba jugar, a veces me mandaban a la grada", reconoció. Y entonces llegó Qatar.

Viajó hasta el Medio Oriente con la camiseta verde. Entró al estadio. Vio a México jugar sus tres partidos. No disputó un solo minuto. Estar ahí sin estar. Aplaudir desde la banca el esfuerzo de otros mientras el propio se pudre por dentro. El desgaste era tan profundo que llegó a un punto límite: "Llegó un momento donde dije: 'o me reparo yo emocionalmente, o esto va a explotar'”.

Hoy habla de Qatar sin amargura, pero tampoco sin fingir que no dolió. "Lo que pasó en Qatar fue de gran crecimiento. No tuve la oportunidad de tener minutos, pero lo que viví y las emociones que sentí ahí son las mismas que vamos a sentir el 11 de junio. Y ahora me va a agarrar con un poco más de experiencia". Hace una pausa breve. "Es una espinita que la tengo ahí”.

No lo quiere llamar revancha, pero es exactamente lo que es. “No vemos la hora de que ya empiece esto. Estamos afinando los últimos detalles y disfrutar esto porque viene una bonita Copa del Mundo”.

Italia, su crecimiento

La vuelta al Genova lo transformó. Con Alberto Gilardino llegó el cambio que necesitaba: el club le dejó saber que lo querían como pieza de capitán. Después llegó Patrick Vieira, el legendario mediocentro francés, y vio en él exactamente lo que los scouts de Pumas no vieron décadas atrás. Vieira lo eligió en 24 de los 26 encuentros que dirigió. Sus compañeros italianos lo votaron. La Gazzetta dello Sport lo anunció. A sus 26 años se convirtió en el segundo capitán más joven de la Serie A, sólo por detrás de Delprato de la Parma. 

El Genova lo acompañó con una frase en redes: "La muralla se queda aquí”.

Johan habla de esa capitanía con una emoción contenida que no termina de disimular: "Es la sensación más bonita que puede tener un futbolista, al parecer mío". Y luego, como siempre, el pensamiento le vuela hacia Navojoa: "Todo lo que hago, se lo dedico a mi hermano y a mis papás. No me olvido de los pequeños detalles que vivimos nosotros. Son cosas que me dan una motivación para hacer algo por ellos”.

En el exigente Calcio, donde la táctica y la disciplina defensiva son religiones, Johan Vásquez logró lo que pocos extranjeros consiguen: la constancia absoluta y el respeto total del vestuario. Con Daniele De Rossi en el banquillo, el Genova salió de la zona de descenso. Johan jugó prácticamente cada minuto disponible, con apenas una tarjeta amarilla en 22 partidos. En Italia, donde los defensas se forjan a golpes de Osimhen, Vlahovic y Lautaro, ese número habla de inteligencia táctica, no solo de fiereza física. Durante 2025, disputó 52 partidos entre el Genoa y la selección mexicana, y anotó ocho goles. Para un defensa central, eso es una declaración de principios. 

Para el Mundial, Johan ya asimiló la lección más importante que aprendió observando desde la banca en Qatar: "Me tocó ver ejemplos muy grandes —Héctor Moreno, Andrés Guardado, Memo Ochoa— y hacían detallitos simples, pero que te quedan marcados. Hoy me toca a mí dar ese ejemplo a los que vienen empujando atrás".

Sabe que el Azteca va a ser un animal distinto. Que la presión del partido inaugural contra Sudáfrica, el 11 de junio, puede romper a quien no sepa contenerla. Lo dice con la claridad de quien ya sobrevivió a sus propios terremotos internos: "Las emociones van a venir. Lo que va a ser la diferencia ahí va a ser la experiencia y no caer en las tentaciones”.

Su padre Zito ya tiene planes con él: construir un restaurante juntos y dejar atrás el remolque de mariscos algún día. Primero, hay una deuda pendiente. Un Mundial jugado desde la tribuna. Una espinita que no ha terminado de doler. Y un defensa zurdo de Navojoa que lleva toda su vida demostrándole al mundo que se equivocó al no verlo. 

La muralla está de pie. Y por fin, tiene partido, el próximo 11 de junio ante Sudáfrica en el partido inaugural.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.