La MLS soñó con un legado; el Mundial 2026 terminó por confirmarlo

La MLS nació como parte del legado del Mundial de 1994 y, tres décadas después, se consolidó como una pieza clave de la Copa del Mundo de 2026 gracias a su infraestructura, sus estadios, sus academias y su crecimiento deportivo y comercial.
La MLS nació gracias al Mundial de 1994 y se consolidó en 2026
La MLS nació gracias al Mundial de 1994 y se consolidó en 2026 / Alex Grimm/Getty Images

Desde el piso 15 del PENN 2 se ve el Empire State Building. Abajo, decenas de miles de personas cruzan cada día Penn Station. Ahí, en una de las esquinas más transitadas de Manhattan, la Major League Soccer dirige una liga que hace treinta años apenas intentaba sobrevivir. 

En 1994, Estados Unidos organizó la Copa del Mundo con una duda que nadie podía responder: ¿qué pasaría con el futbol cuando el torneo terminara? Tres décadas después, la respuesta no está en un discurso ni en una campaña publicitaria. Está en los complejos donde entrenaron Argentina, Brasil e Inglaterra; en los estadios que vuelven a recibir partidos mundialistas y en una liga que pasó de ser un experimento con diez equipos a convertirse en el principal soporte del Mundial 2026. La Major League Soccer invirtió más de 11 mil millones de dólares para construir ese legado y ahora presume que el futbol, por fin, encontró un hogar permanente en Norteamérica.

Cuando Estados Unidos recibió la Copa del Mundo de 1994, el éxito parecía garantizado. Los estadios se llenaron, la FIFA rompió récords de asistencia y millones de personas descubrieron que el soccer también podía emocionar a un país acostumbrado al futbol americano, al béisbol y al baloncesto.

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Pero la verdadera prueba comenzaría cuando se apagara el último reflector. El reto no era organizar un gran Mundial. Era conseguir que el futbol no desapareciera cuando el mundo se marchara. De esa pregunta nació la Major League Soccer.

En 1996 arrancó con apenas diez equipos y una misión que parecía desproporcionada: construir una cultura futbolística donde prácticamente no existía. No bastaba con fichar jugadores; había que levantar estadios, formar futbolistas, convencer inversionistas y crear una identidad para un deporte que seguía siendo considerado extranjero.

Treinta años después, la Copa del Mundo de 2026 ofrece la mejor respuesta. La MLS no levanta el trofeo ni juega un solo minuto del torneo, pero está presente en casi todos los rincones de la competencia.

Cuando la FIFA anunció los centros de concentración quedó claro hasta dónde había llegado aquella apuesta. Argentina eligió Sporting Kansas City. Brasil trabajó en las instalaciones de Red Bull New York. Inglaterra se instaló en Swope Soccer Village. Bélgica entrenó en el de Seattle Sounders. Canadá lo hizo con Vancouver Whitecaps.

En total, 14 clubes de la MLS y MLS NEXT Pro recibieron selecciones nacionales en sus complejos deportivos.

Cinco estadios de la liga —Mercedes-Benz Stadium, Lumen Field, BC Place, BMO Field y Gillette Stadium— también fueron sedes oficiales del Mundial. Y cerca de 40 instalaciones construidas por la MLS formaron parte de la operación del campeonato.

Hace apenas tres décadas, muchas de ellas ni siquiera existían. Desde su creación, la liga y sus propietarios han invertido más de 11 mil millones de dólares en estadios específicos para futbol, centros de entrenamiento, academias juveniles e infraestructura comunitaria.

En entrevista con Sports Illustrated, Diego Pinzón, Director Senior de Comunicaciones Internacionales de la MLS, señala que esa política nunca fue improvisada. "Si entra un nuevo equipo a la liga, tiene que tener un estadio propio. Eso genera identidad, conecta con la ciudad y con la comunidad. Esa ha sido una prioridad para la liga durante muchos años".

Hay una escena que resume mejor que cualquier estadística la transformación de la MLS. No ocurre en un estadio ni en un centro de entrenamiento, sino a unos pasos de Penn Station, donde miles de personas cruzan diariamente el corazón de Manhattan. En el piso 15 del renovado PENN 2, un edificio de cristal y acero frente al Madison Square Garden, despacha hoy la Major League Soccer. 

Desde esas oficinas abiertas —con estudios para producción de contenidos, salas de innovación, espacios colaborativos, terrazas con vista al Empire State Building y áreas donde conviven los departamentos deportivos, comerciales e internacionales— se coordina una liga de 30 clubes, la expansión de nuevas franquicias, la estrategia global y buena parte del crecimiento comercial del futbol en Norteamérica. 

La mudanza dice mucho más que un cambio de domicilio: simboliza el salto de una competición que nació en 1996 como un experimento posterior al Mundial de Estados Unidos y que, tres décadas después, dirige sus operaciones desde uno de los centros corporativos más importantes de Nueva York, mientras el propio Mundial utiliza la infraestructura que ayudó a construir.

Hoy, 27 de los 30 clubes disputan sus partidos en inmuebles diseñados exclusivamente para el soccer. Otros tres proyectos ya están en marcha con los nuevos estadios de New York City FC, Chicago Fire y New England Revolution.

La infraestructura, sin embargo, sólo cuenta una parte de la historia. La otra ocurrió lejos del césped. Pinzón recuerda que una de las imágenes que más lo sorprendió durante el Mundial fue ver cómo las ciudades estadounidenses cambiaron de rostro.

No fueron únicamente los estadios. Fueron las calles. Las plazas. Los restaurantes. Los metros. Miles de aficionados argentinos, españoles, escoceses, mexicanos o brasileños convirtieron ciudades como Nueva York, Atlanta, Seattle o Kansas City en auténticas capitales del futbol.

"Sabíamos que iba a ser un éxito, pero no imaginábamos la manera en que las aficiones del mundo entero se tomaron las ciudades", explica. "Muchos llegaron con cierto recelo hacia Estados Unidos y terminaron enamorados del país, de su cultura y de cómo fueron recibidos. Cuando quieran volver a ver futbol, ahí estará la MLS".

La liga cree que ese puede ser el legado más importante del torneo. Que millones de aficionados que conocieron Estados Unidos gracias al Mundial regresen ahora para consumir futbol.

La liga considera que ese turismo futbolero puede convertirse en uno de los grandes legados del campeonato. Con el cambio de calendario —que a partir de 2027 alineará la temporada con Europa y gran parte de América Latina— la MLS espera facilitar todavía más la llegada de aficionados internacionales y de futbolistas provenientes de otras ligas.

Los primeros indicios parecen darle la razón. Durante los primeros tres meses de la temporada 2026, la MLS registró un crecimiento histórico. Su audiencia aumentó 62 por ciento respecto al año anterior y alcanzó 7.9 millones de espectadores semanales entre plataformas de streaming y televisión.

Más de 4.8 millones de aficionados asistieron a los estadios entre febrero y mayo, la segunda cifra más alta en la historia de la competición. Colorado Rapids, LAFC, D.C. United, Toronto FC e Inter Miami rompieron récords de asistencia, mientras tres partidos superaron los 72 mil espectadores.

En el entorno digital, la liga también presume cifras inéditas. Las cuentas oficiales de la MLS y de sus clubes reúnen 113 millones de seguidores y acumulan 5 mil 710 millones de impresiones, un crecimiento del 17 por ciento respecto al año anterior.

Pero para Pinzón el cambio más profundo no aparece en los reportes financieros. Está en las escuelas. En las canchas de barrio. En las academias.

"Hoy el futbol ya es el tercer deporte de interés en Estados Unidos. Los niños ya no sólo quieren jugar; ahora quieren competir", afirma. Según estudios citados por la MLS, el futbol ya es el tercer deporte de mayor interés en Estados Unidos, por encima del béisbol y el hockey entre los jóvenes.

La transformación también alcanza la relación con México. Para la MLS, la Leagues Cup ha dejado de ser un simple torneo de verano para convertirse en una plataforma de integración regional.

"México ha sido históricamente la gran potencia de la región. Este convenio ayuda a que ambas ligas crezcan juntas y exporten mucho más lejos su producto", sostiene Pinzón, quien sostiene que el principal legado del Mundial no será únicamente deportivo.

"Los tres países sede llegaron al menos a octavos de final. Eso ayuda muchísimo al crecimiento del futbol en la región", explicó.

Pinzón también defendió la alianza entre la MLS y la Liga MX. A su juicio, la Leagues Cup ha fortalecido el crecimiento de ambas competiciones y ha elevado el nivel comercial y deportivo de la región. Aunque evitó especular sobre una eventual fusión entre ambas ligas, consideró que el torneo binacional demuestra el potencial conjunto del futbol norteamericano.

La liga presume más de 650 futbolistas surgidos de sus academias, una base de aficionados con una edad promedio de 39.6 años, la más joven entre las grandes ligas profesionales masculinas del país y un ecosistema que ya exporta jugadores no sólo a Estados Unidos y Canadá, sino también a México, Europa y otras selecciones nacionales.

Treinta años atrás, la MLS nació para demostrar que el Mundial de 1994 podía dejar algo más que buenos recuerdos.

Hoy, el Mundial de 2026 ofrece la prueba definitiva. Las grandes potencias del futbol entrenaron en instalaciones construidas por una liga que nació gracias a aquella Copa del Mundo.

Treinta años después, la liga presume una realidad muy distinta: 30 clubes, miles de millones de dólares invertidos, academias, estadios propios, una audiencia en crecimiento y una Copa del Mundo que utilizó esa infraestructura.

El legado ya no es una promesa. Es el escenario donde se prepara el siguiente partido. La apuesta ya no consiste en demostrar que Estados Unidos puede organizar un Mundial. El objetivo, ahora, es demostrar que el futbol forma parte permanente de su cultura deportiva.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.