Monterrey se pinta de rojo: Corea del Sur juega como local ante Sudáfrica

MONTERREY.- Horas antes del silbatazo inicial, las palabras del técnico de Corea del Sur parecían convertirse en realidad. Si para Hong Myung-bo sería un regalo sentirse como locales en Monterrey, la afición coreana se encargó de envolver ese obsequio.
Los alrededores del Estadio Monterrey se tiñeron de rojo desde temprano, con miles de seguidores surcoreanos que llegaron a los accesos del Estadio Monterrey para acompañar a su selección en el duelo frente a Sudáfrica, correspondiente a la tercera jornada del Grupo A de la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Te puede interesar: Pesquería: la pequeña Corea que vivirá su Mundial en Monterrey
Banderas con el Taegeukgi ondeaban por todos los rincones, mientras camisetas rojas con los nombres de Son Heung-min y otras figuras del combinado asiático dominaban el paisaje. Por momentos, era difícil encontrar camisetas sudafricanas entre la multitud.
La importante comunidad coreana establecida en Nuevo León tuvo mucho que ver en esa atmósfera. Durante las últimas décadas, miles de ciudadanos surcoreanos han llegado al estado atraídos por las inversiones de empresas de su país, especialmente en municipios como Pesquería, Apodaca y Monterrey, donde han formado una de las comunidades extranjeras más visibles de la región.
Muchos de ellos aprovecharon la oportunidad única de ver a su selección en una Copa del Mundo para acudir en familia al estadio. Padres, hijos y abuelos caminaron juntos hacia los accesos, algunos portando tambores, otros con banderas, pero todos con el mismo objetivo: empujar a Corea del Sur hacia los Dieciseisavos de Final.
La fiesta comenzó desde varias horas antes del encuentro. Los aficionados coreanos pusieron color a la tarde con cánticos, música y porras que se escuchaban a las afueras del inmueble. Entre fotografías y videos, el ambiente mundialista alcanzó uno de sus puntos más altos en Monterrey.
A diferencia de otras celebraciones multitudinarias, el ingreso al estadio transcurrió de manera ordenada. Filas largas pero fluidas se formaron en los distintos accesos, mientras los seguidores avanzaban con paciencia para ocupar sus lugares y preparar el escenario para una noche especial.
Corea del Sur estaba lejos de casa, pero no parecía visitante. Monterrey, impulsado por su comunidad coreana y por miles de aficionados llegados para el Mundial, se había convertido por una tarde en una pequeña extensión de Seúl.
