By 90Min
June 28, 2019

Hace unos días, andando por una de las zonas más concurridas de mi ciudad, me encontré a uno de aquellos que fueron grandes amigos en la infancia, esos por los que habría arriesgado a decir que la relación amistosa sería eterna. Nos saludamos con un simple movimiento de mano y un qué tal. Al contrario de lo que muchos intentan decir, el paso de los años y los caminos diferentes han hecho mella y lo que antaño fue una amistad, hoy es un simple saludo. Una etapa más que he cerrado en mi vida para seguir caminando, nunca recto, hacia las metas que la vida me tenga preparadas.


Mi mente, obsesiva y paranoica, tiende a relacionarlo todo con el fútbol. Mi cerebro es un estadio y mis neuronas los jugadores, podríamos afirmar que los impulsos nerviosos son el pateo del esférico. En una de estas reflexiones en las que sin saber por qué, todo se vuelve futbolero, relacioné esta situación con el jugador que se va, aquel que ya no va a volver. Porque segundas partes a veces sí son buenas, pero solo para aquel que fue un héroe y salió con las lágrimas de la afición. Esto me llevó a Antoine Griezmann y su marcha del Atlético de Madrid. El galo, llegue o no Neymar al FC Barcelona, no puede echar marcha atrás y volver a vestir de colchonero. Le han expulsado del paseo de los melancólicos y no marcharse del Atleti, o volver al cabo de unos años, no sería una buena idea.

CURTO DE LA TORRE/GettyImages


Lo cierto es que la relación de Griezmann con el Atlético de Madrid es mucho más comparable a la que tuve con algunas que mis ex que a la de aquel que fue gran amigo. El francés ha jugado con el sentimiento de toda la afición rojiblanca. La Decisión fue un espectáculo dantesco, la mercantilización del mercantilizado mercado de fichajes del más que mercantil fútbol moderno. Porque Griezmann se convirtió en un producto de márquetin y la hinchada le perdonó, pero no caerá dos veces en el mismo error.

Hace unas semanas, sin documentales, esperas ni vete tú a saber qué inventos, Griezmann anunció que no seguiría en el Atlético de Madrid. Su etapa en el Calderón y el Metropolitano había llegado a su fin. En ese momento cerró una puerta que nunca más podrá volver a abrirse. Además, la cerró ante la ira de todos los que allí habitaban y es consciente de que cada vez que pase por la puerta será pitado. Aunque el amor lo perdona todo, los rojiblancos no pueden permitir otra humillación de tal calibre.

OSCAR DEL POZO/GettyImages


Griezmann, el mejor consejo que pueden darte, allá dónde vayas, es que te olvides del rojo y del blanco. Tu futuro se tiñe de rojo y azul, bien de culé o de parisino, pero aunque ese rojo te haga soñar con el Manzanares, allí ya nunca podrás volver. Diste un paso en el que ya no se podía retroceder. La etapa está cerrada… como mi amistad escolar. 

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