Mundial 2026: Mientras otros hablan de presión, Orbelín habla de disfrutar

Orbelín Pineda lleva años jugando en Europa. Aprendió a vivir lejos, a hacerse extranjero por convicción. Ahora regresa al lugar donde empezó a soñar y lo espera el partido de su vida. Mientras la presión crece alrededor de la selección mexicana, Orbelín afronta el Mundial de 2026 con una idea simple: disfrutar. Disfrutar del futbol, de la afición y de una oportunidad que sólo se presenta una vez en la vida.
Orbelin afronta el Mundial 2026 con alegría, tras una primera experiencia en Qatar donde no se logró avanzar en la primera fase.
Orbelin afronta el Mundial 2026 con alegría, tras una primera experiencia en Qatar donde no se logró avanzar en la primera fase. / MexSports Sports Agency

Hay un momento que Orbelín Pineda conoce bien. Sucede cada vez que vuelve a ponerse la camiseta verde y suena el himno: la piel se eriza, el pecho se aprieta, algo que no tiene nombre exacto sube desde adentro y lo deja sin palabras. Le ha pasado en eliminatorias, en amistosos, en partidos de trámite. "Siempre lo he hecho", dice. "Es un orgullo estar con nuestra gente, es un orgullo estar aquí con la selección". Y eso fue antes de que el Mundial llegara a México. Antes de que todo aquello se volviera real.

Porque Orbelín lleva años aprendiendo a vivir lejos. Salió de Coyuca de Catalán, Guerrero, siendo una promesa con los pies inquietos y terminó convirtiéndose en un futbolista europeo por decisión propia: Celta de Vigo, AEK Atenas, clubes donde nadie le regaló nada y donde tuvo que demostrar, semana a semana, que un mediocampista mexicano podía competir en esas ligas sin pedir permiso. Lo hizo. Y cada vez que volvía al Tri, traía algo distinto: más confianza, más carácter, más recursos. La versión que regresa ahora para el Mundial no es la misma que se fue.

Lo que no cambió es la alegría. Orbelín es, entre los futbolistas de esta selección, el que más claramente ha convertido el disfrute en filosofía de juego. No lo dice como pose ni como declaración de principios: lo demuestra cada vez que marca un gol. El mortal. El baile. La celebración que no busca provocar sino simplemente rebosar. 

"Siempre lo he dicho: el futbol es para disfrutar, para apasionar, para transmitir alegría a la gente que viene a verlo", explica. "Cada gol que hago lo disfruto al máximo. Lo hago echándome mortales, lo hago bailando. Es mi alegría". En una selección que carga el peso de cuarenta años de espera, esa ligereza no es ingenuidad. Es un antídoto.

Tampoco es la misma selección. Javier Aguirre construyó un grupo que habla de carácter antes que de esquemas, que ensaya el músculo de creerse capaz. Orbelín encaja ahí de manera natural. No es un jugador que necesite convencerse: es uno que ya se convenció hace tiempo, cruzando el Atlántico solo, jugando en idiomas que tuvo que aprender. "Comprometido con cada uno de nosotros, con cada uno de nuestros compañeros", dice, y no suena a frase hecha. Suena a alguien que entiende lo que cuesta ganarse un lugar.

La semana pasada, el grupo se reunió con jugadores del 86. Los que vivieron el último Mundial en México. Los que recuerdan lo que se siente cuando un país entero te empuja desde las tribunas. Orbelín escuchó. Lo que le quedó no fue una táctica ni una instrucción, sino una advertencia sobre el derroche: "En un Mundial hay que dejar todo. No guardarte nada. Hacer todo lo mejor posible y disfrutar de lo que realmente estás haciendo." La frase encontró eco inmediato en él, porque resume buena parte de la filosofía con la que ha construido su carrera: jugar con intensidad, pero también con libertad.

"Siempre que se canta el himno se pone la piel chinita. Es un orgullo estar aquí representando a tu país".

ORBELÍN PINEDA

Lo que viene tiene una dimensión que ningún viaje a Europa le pudo enseñar. El 11 de junio, en el Estadio Azteca, México abre el Mundial ante Sudáfrica. Orbelín podría estar en esa cancha cuando suene el himno frente a ochenta mil personas que lo conocen de memoria, que cantarán cada palabra con él. "¿No te imaginas ese día con el himno, la gente?", dice y la pregunta no espera respuesta porque él ya se la sabe. "Es algo único. Estar con toda nuestra gente creo que nos va a ayudar a ser fuertes".

Ha jugado grandes partidos. Ha marcado goles en estadios llenos de gente que no pronunciaba su nombre correctamente. Sabe lo que es competir en frío, en silencio relativo, sin la red de un país entero sosteniéndolo. Esa experiencia vale. Pero esto es otra cosa. "Es tan difícil llegar a este momento, en casa, en este Mundial", admite. Y en esa frase cabe todo: los años de Europa, los viajes, los contratos negociados en otro idioma, las eliminatorias jugadas como visitante en casa propia. Llegar aquí costó.

Por eso habla de revancha con una naturalidad que no es arrogancia sino memoria. " "Tenemos una gran revancha en nuestra casa para poder dar lo mejor posible y que nuestra gente se sienta tranquila y orgullosa de nosotros", sostiene, tras recordar que en Qatar 2022, México no pasó la primera fase tras ocho Mundiales seguidos donde lo había logrado.

 "Hay que esperar. Lo importante es que la gente se sienta orgullosa y que nosotros también nos sintamos orgullosos de lo más alto que podamos llegar". No es la revancha de un partido perdido ni de una eliminación concreta. Es la de una generación entera que jugó Mundiales a medias, que llegó hasta cierto punto y no supo o no pudo ir más allá. "Tenemos que aprovecharla al cien por ciento", dice. "Eso se aprovecha dentro de la cancha y con las ganas que le metamos".

"Cada gol que hago lo disfruto al máximo. Lo hago echándome mortales, lo hago bailando. Es mi alegría".

ORBELÍN PINEDA

Si le preguntas a cualquier jugador del grupo, dice Orbelín, vas a encontrar lo mismo: ganas. Muchas ganas. "Estamos con nuestra gente, estamos con nuestra familia, estamos en nuestra casa". La repetición no es descuido: es énfasis. Es un hombre que lleva años jugando lejos y que por fin tiene permiso de jugar cerca. "Que sienta que tenemos muchas ganas de salir adelante".

Quizá por eso Orbelín sonríe cuando habla del Mundial. Porque mientras otros ven presión, él ve una fiesta. Habla de orgullo como quien sabe exactamente lo que cuesta sentirlo, de disfrute como quien ha convertido esa palabra en su forma de entender el juego. En una selección que busca recuperar la conexión con su gente, pocos futbolistas representan mejor esa idea que el hombre que celebra los goles bailando y haciendo mortales. Para él, después de todo lo que cruzó para estar aquí, jugar este Mundial en México no es un premio. Es una deuda que por fin puede saldar. Y piensa hacerlo, como siempre, sin guardarse nada.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.