El viaje de Salles-Lamonge: de cobrar mil euros en Francia, a las puertas de los grandes en México

Hay carreras que avanzan en línea recta y otras que necesitan tocar fondo para encontrar el camino. La de Sébastien Salles-Lamonge pertenece a la segunda categoría. Hace unos años estaba en la cuarta división francesa, cobraba mil euros al mes (menos de 20 mil pesos) y pensaba en cómo volver a jugar cada domingo. Hoy, tres temporadas después de aterrizar en México, su nombre circula entre América y Cruz Azul.
Le vuelven a hacer la misma pregunta: ¿azul o amarillo? Sébastien Salles-Lamonge se toma unos segundos. Los suficientes para que aparezca la sonrisa. Después repite las dos palabras que, desde que llegó a México, ha aprendido a utilizar mejor que cualquier otra respuesta: “No comento”.
Te puede interesar: Atlético de San Luis, el último equipo que ascendió deportivamente a la Liga MX
En entrevista con Sports Illustrated, el francés habla de su recorrido por el futbol mexicano, de su evolución con Atlético de San Luis y de los rumores que lo han colocado en el radar de dos de los clubes más grandes del país: América y Cruz Azul.
Hace apenas tres años nadie le hacía esa pregunta.
Hoy, Salles-Lamonge es uno de los futbolistas que más opciones de gol genera en la Liga MX y su nombre circula con fuerza en los pasillos de dos gigantes del futbol mexicano. Para entender cómo llegó hasta ahí hay que regresar a una cifra que todavía parece imposible cuando la pronuncia: mil euros al mes.
Ese era su sueldo cuando el Bastia, histórico club de Córcega, lo fichó para jugar en la cuarta división francesa. No llegó ahí por falta de talento ni por casualidad. Había pasado por la cantera del Rennes y por el filial del Deportivo de La Coruña, pero un año complicado en España lo dejó sin equipo profesional.
Entonces tomó una decisión que todavía describe como una de las más importantes de su vida. “Fue el momento más importante de mi vida. Dejaba el futbol profesional. Sabía que tenía que bajar de nivel, pero necesitaba volver a jugar cada fin de semana”.
Mil euros no alcanzaban para sostener una familia. Su esposa tuvo que trabajar y una ayuda vinculada con un contrato profesional anterior apenas elevaba sus ingresos dos o tres mil euros al mes. Salles-Lamonge recuerda las diferencias salariales de memoria: alrededor de dos mil euros en tercera división, cinco o seis mil en segunda y entre 20 y 30 mil en primera.
El Bastia también estaba intentando reconstruirse. El club había vivido durante años en la élite francesa, pero problemas financieros lo habían llevado hasta la cuarta categoría. Allí, en medio de una crisis institucional, comenzó una reconstrucción que terminaría cambiando también la carrera del mediocampista.
En apenas dos temporadas, Bastia consiguió dos ascensos: de cuarta a tercera y de tercera a segunda división. “No ganábamos mucho, pero dábamos todo en la cancha y al final nos salió súper bien”.
Ya en segunda, Salles-Lamonge disputó dos temporadas sólidas y decidió no renovar. Quería esperar. Ver qué aparecía. Lo que apareció llegó a través de una plataforma de mercado que hasta entonces apenas conocía: TransferRoom. Sus representantes estaban registrados y también un club mexicano del que él prácticamente sólo conocía el nombre.
El llamado llegó un martes. El sábado ya tenía que estar en México. De la Liga MX sabía poco. Sabía de Tigres porque ahí jugaba André-Pierre Gignac, cuyos goles y títulos aparecían con frecuencia en los canales franceses. Poco más.
No conocía el formato de dos torneos cortos. Tampoco sabía lo que significaba jugar a más de dos mil metros de altura. Aceptó.
El salto económico ayudó: calcula que en México comenzó ganando aproximadamente cinco veces lo que percibía en Francia. Pero el dinero sólo explica la decisión de viajar. No explica lo que ocurrió después.
Aprender a jugar y a vivir en México El primer año fue complicado. La altura, los viajes entre Ciudad de México, Toluca, Mazatlán y Monterrey y un futbol con características completamente distintas le exigieron una adaptación más profunda de la que esperaba.
“Aquí es mucho más abierto”, explica.
En Francia, cuenta, un equipo que pelea por no descender suele priorizar cerrar los partidos y reducir riesgos. En México, donde no existe el descenso, incluso los equipos que ya no tienen nada que perder mantienen una vocación ofensiva.
También tuvo que cambiar su manera de procesar las derrotas. En Europa podría quedarse frustrado durante dos días después de perder. En México aprendió a pasar página al día siguiente. “Yo creo que las dos mentalidades pueden convivir”. Y también aprendió a disfrutar.
De los estadios que conoció, tres quedaron especialmente grabados en su memoria. El Azteca le pareció sencillamente “un teatro”. El Universitario de Tigres y el estadio de Toluca lo sorprendieron por una atmósfera que describió como “muy europea”: estadios compactos, cerrados y aficionados que cantan prácticamente durante los 90 minutos.
Tres años después, la historia es otra.
113 partidos, 22 goles y 10 asistencias después, Salles-Lamonge se convirtió en una pieza difícil de sustituir para Atlético de San Luis.
Su transformación también ha sido futbolística. El mediocampista que llegó en 2023 con un perfil más ofensivo ahora juega mucho más retrasado. Corre, recupera, construye y participa en una enorme cantidad de acciones que terminan generando peligro.
Es, además, uno de los futbolistas que más kilómetros recorre en el campeonato. No parece particularmente orgulloso de ello.
“Si pudiera correr un poco menos, estaría bien”, bromea. “Pero no: me gusta el esfuerzo, me gusta darlo todo hasta el último”.
Hay dos partidos que resumen para él el valor de ese esfuerzo: las semifinales que San Luis perdió contra América y Rayados en torneos distintos. Son, precisamente, los partidos que más recuerda y los que quisiera volver a jugar.
De sus 22 goles también tiene dos favoritos. El primero llegó en un play-in contra León y permitió a San Luis avanzar a la Liguilla. Ese, dice, es el más importante “porque después todo se abrió para mí”.
El otro fue contra Atlas en casa. Ese fue el más emotivo. Los derbis contra Querétaro y aquel 3-0 sobre Tigres en cuartos de final completan la lista de partidos que le hicieron sentir que ya pertenecía al club.
San Luis, João Pedro y una identidad propia
Una parte importante de esa historia la construyó junto a João Pedro, uno de los principales goleadores del equipo en los últimos torneos.
Salles-Lamonge incluso reparte con él parte del mérito de sus propios números. “Si tengo esos datos es por parte suya, porque él marca cada partido”.
Hubo un momento en que esa sociedad estuvo a punto de romperse. João Pedro recibió ofertas para salir, pero decidió quedarse, una determinación que sorprendió incluso dentro del vestidor.
Salles-Lamonge también habla de la identidad de San Luis y marca distancia entre esa identidad y la estructura del Atlético de Madrid, propietario del club. “Nosotros no sentimos mucho esa parte. Yo creo que los de las oficinas lo sienten mucho más. Nosotros somos un poco más independientes”.
De la afición, en cambio, no existe distancia. La define como “muy linda” y reconoce que se ha convertido en una fuente constante de energía. Hoy se siente cómodo en San Luis, muy lejos de aquellos primeros meses en los que todo —la altura, la cultura y hasta la manera de entender el juego— parecía costarle el doble.
Salles-Lamonge también tiene una mirada particular sobre los jugadores mexicanos y extranjeros que conoció en la Liga MX. Menciona a Álvaro Fidalgo, a Santiago Gimenez como una referencia mexicana en Europa, a Edson Álvarez por su fortaleza defensiva y, entre los futbolistas del Toluca, destaca a Marcel Ruiz y Alexis Vega.
A Armando González lo compara con el Chicharito de sus primeros años. Le sorprende, sobre todo, su capacidad para ubicarse dentro del área y aparecer en posición de gol.
Pero pone un límite. “Todavía es joven”.
Una familia de rugby y un futuro abierto
Fuera de la cancha, existe una contradicción curiosa en la historia del francés. Su familia es, según él mismo, “puro rugby”. Sus hermanos mayores fueron quienes lo llevaron al futbol. El resto de la familia siguió fiel al balón ovalado. Él incluso probó el rugby una vez.
No le gustó. Prefiere verlo desde la grada.
Ahora, a los 30 años, Salles-Lamonge atraviesa una etapa muy distinta a aquella en la que cobraba mil euros en la cuarta división francesa.
Tenía seis meses más de contrato con San Luis, pero el club decidió renovarlo hasta 2028. Él mismo define los 30 años como “una curva muy importante” y prefiere concentrarse en terminar bien el torneo antes de pensar en el siguiente movimiento.
No cierra ninguna puerta en México. Un regreso a Francia, en cambio, parece poco probable. Y mientras su futuro genera preguntas, los rumores crecen. América aparece entre los clubes interesados. Cruz Azul también ha sido mencionado.
Él asegura que no existe, por ahora, una llamada formal. Pero tampoco necesita esconder lo que significan esos rumores.
“Hace un par de años nadie hablaba de mí. Nadie me conocía”. Ahora lo conocen lo suficiente como para volver a hacerle la misma pregunta. ¿Azul o amarillo?
Salles-Lamonge vuelve a sonreír. Deja pasar el silencio.
Y responde lo único que puede decir un futbolista cuyo nombre ya se disputa, aunque sea todavía en voz baja, entre dos de las camisetas más importantes del futbol mexicano:
“No comento”.
