México abre la puerta al sueño de futuros mecánicos de la Fórmula 1

El aire vibra con el rugido de los motores. El brillo de la fibra de carbono y el aroma del aceite caliente llenan el garaje del equipo Aston Martin Aramco Fórmula 1. El ruido del exterior se apaga. La iluminación blanca resalta los colores del equipo: el verde esmeralda brillante de las carrocerías, el negro pulido de los neumáticos, el gris metálico de las herramientas. Todo está perfectamente alineado, desde las llaves hasta los cables que zigzaguean hacia los monitores.
Entre ese ballet de precisión y potencia, Julio del Moral, un joven estudiante mexicano de mecánica automotriz, se detiene frente al monoplaza verde esmeralda de Fernando Alonso. Lo mira en silencio, con los ojos encendidos: “Estar aquí es un sueño enorme”, dice con voz temblorosa, mientras sus dedos rozan el aire a centímetros del auto. “Yo quiero ser el primer mecánico mexicano en la Fórmula 1”, asegura con la mirada al cielo.
Julio no está solo. A su lado, otros siete jóvenes —todos estudiantes de la Escuela Mexicana de Electricidad— comparten la misma mezcla de asombro y emoción contenida. Son los primeros seleccionados del nuevo programa global de Valvoline y Aston Martin Aramco, una iniciativa que busca formar, inspirar y abrir oportunidades reales para jóvenes apasionados por la mecánica.
México es el país pionero de este proyecto, su premio inaugural no podía ser más simbólico: visitar el garaje de un equipo de Fórmula 1, convivir con sus mecánicos, preguntar, aprender y sentir de cerca el pulso de la ingeniería de élite.
El monoplaza descansa sobre un caballete. Los ingenieros lo observan como si respirara. Miguel Faisca, Esports Team Manager de Aston Martín, explica que cada componente tiene su propio sensor: temperatura de frenos, flujo de combustible, presión de aceite… más de 215 canales de datos transmitidos en tiempo real al muro y a la fábrica, a miles de kilómetros de distancia.
Todo parece diseñado al milímetro. Los neumáticos, envueltos en mantas térmicas, descansan como bestias dormidas. Los monitores parpadean con cifras que cambian cada milésima de segundo. Los jóvenes observan en silencio, asombrados ante un mundo donde cada detalle importa, donde la perfección no se persigue, se exige.
El silencio expectante se rompe cuando les muestran un volante de Fórmula Uno: 70 mil dólares de precisión pura en un solo componente. Botones y significados en cada uno de ellos. Los muchachos lo observan con respeto, como si sostuvieran un tesoro. Luego, el guía les muestra los juegos de llantas: las lisas para seco, las de lluvia, las intermedias. En total 20 juegos: 13 juegos de seco, cuatro de lluvia intermedia y tres juegos de lluvia extrema. Les explican cómo cada una cambia la estrategia de una carrera, cómo la decisión de un neumático puede ser la diferencia entre la gloria y el abandono.
Miguel Faisca describe cómo cada componente del monoplaza tiene su propio sensor, cómo se analizan los datos en tiempo real y cómo cada ajuste, por pequeño que sea, puede decidir una carrera. Los estudiantes escuchan atentos, como si cada palabra fuera un destello de su futuro: “El piloto solo es la punta del iceberg”, comenta uno de los ingenieros del equipo, casi en susurro uno de los jóvenes mexicanos señala: “Todo esto… es el verdadero espectáculo”.
Julio asiente, con una sonrisa leve. “Las oportunidades no se repiten”, dice. “Estar aquí me enseñó que los que llegan a este nivel son los mejores, pero también que nosotros podemos estar ahí, si trabajamos, si creemos, si decimos que sí cuando llega la oportunidad”.
El sueño de Jo Ramírez, el ejemplo que cruza generaciones
La historia de Julio recuerda inevitablemente la de Jo Ramírez, el legendario mexicano que comenzó como mecánico y terminó como coordinador del equipo McLaren, donde trabajó entre 1984 y 2001. Durante su carrera, logró 10 campeonatos de pilotos y 7 de constructores, fue una figura clave en la época dorada de Ayrton Senna y Alain Prost.
Su camino empezó en México, donde su amistad con los hermanos Rodríguez le abrió las puertas del automovilismo europeo. A base de esfuerzo, perseverancia y talento, Jo Ramírez se convirtió en uno de los nombres más respetados de la Fórmula 1.
Hoy, su legado se transforma en inspiración para una nueva generación. “Si Jo lo logró, yo también puedo”, dice Julio, con una sonrisa. “Quiero seguir su camino. Quiero demostrar que en México también nacen los mejores mecánicos del mundo”.
Andy Stevenson, director deportivo del equipo Aston Martin Aramco Fórmula 1, compartió su propia experiencia dentro del deporte, destaca la importancia de la pasión, la honestidad y la dedicación como pilares fundamentales de un buen mecánico.
“Ser mecánico de Fórmula 1 requiere mucho sacrificio y compromiso, pero las recompensas son increíbles”, comenta Stevenson. “Este programa es fantástico porque abre puertas a jóvenes talentosos que quizás nunca imaginaron que podrían formar parte de este mundo. Nosotros podemos guiarlos y ayudarlos a encontrar su camino”.
Un programa para encender motores y esperanzas
El programa lanzado por Valvoline Global y Aston Martin Aramco busca precisamente eso: inspirar a jóvenes como Julio a creer en su talento y abrirles las puertas de una industria que necesita nuevas manos, nuevas mentes y nuevas pasiones.
“Estamos proyectando una escasez global de más de cuatro millones de mecánicos para 2030”, explicó Gustavo Schmidt, vicepresidente y gerente general de Valvoline Global para América Latina. “Por eso, junto a Aston Martin, queremos inspirar y apoyar a los jóvenes que sienten pasión por la mecánica, brindándoles oportunidades reales de desarrollo y crecimiento profesional”.
Schmidt añadió que México fue elegido para iniciar el programa por su enorme potencial y compromiso: “Lo que queremos hacer con este programa son dos cosas: inspirar al ‘sí se puede’ y dar soporte real con becas, herramientas, entrenamientos y contactos con nuestro equipo. Los ayudamos a crecer en su profesión, a perfeccionarse y a creer que todo es posible”.
La maestra que volvió a creer
Para Lotis Hernández, maestra de mecánica automotriz con más de dos décadas de experiencia, este programa no solo ha cambiado la vida de sus alumnos, sino también la suya.
“Para la escuela ha sido un boom”, cuenta emocionada. “Los chicos están más motivados que nunca. Me preguntan cómo acceder a la beca, cómo acercarse a Valvoline. Cuando ven que las oportunidades existen, se enamoran de su carrera, de su escuela y de su profesión. Tengo alumnos con muy pocos recursos, pero con una pasión impresionante. Esta experiencia les cambió la vida… y a mí me devolvió la ilusión de enseñar”.
Lotis observa a sus estudiantes con esperanza. “Estoy segura de que un mexicano volverá a la Fórmula 1, no es por falta de capacidad, sino de oportunidad. Somos aferrados, soñadores y valientes. Y cuando vemos que alguien lo logra, decimos: ‘¿por qué yo no?’”.
De México al mundo
El programa contempla una inversión inicial de un millón de dólares para su primer año y promete expandirse globalmente para apoyar a unos 10 mil aspirantes a profesionales en todo el mundo. Su impacto va más allá del automovilismo: busca construir un puente entre la educación técnica y los sueños profesionales, integra a jóvenes de distintos contextos, géneros y niveles socioeconómicos.
“Queremos que tanto chicos como chicas vean hasta dónde pueden llegar con su pasión por la mecánica”, añadió Schmidt. “Esta alianza entre Valvoline y Aston Martin Aramco no solo busca rendimiento, sino impacto humano y social”.
El futuro está en marcha
Para los ocho jóvenes que vieron de cerca un Fórmula 1, el rugido de ese motor no solo fue un sonido: fue un llamado. Una promesa de que los sueños sí se cumplen cuando se combina el talento con la oportunidad.
Desde los talleres de la Escuela Mexicana de Electricidad hasta el garaje de un equipo de Fórmula 1, el camino apenas comienza. Y quizá, en unos años, cuando un mexicano levante una herramienta en el pit lane, recordará que todo empezó con una beca, una oportunidad y una frase que hoy mueve motores y corazones: “Sí se puede”.
Cuando la visita termina, salen del garaje con los ojos brillantes y el corazón acelerado. Afuera, el circuito ruge, pero para ellos todo suena distinto. Han visto de cerca el alma de la velocidad y algo dentro de ellos ha cambiado para siempre. Más allá del glamour, la F1 es eso: el lugar donde los sueños y la precisión se encuentran, donde la pasión se convierte en carrera… y donde ocho jóvenes mexicanos ya dieron su primera vuelta.
