México y el tercer Mundial en casa: no es solo futbol, es memoria

Hay fechas que no se anuncian, se sienten. El 11 de junio de 2026 será una de ellas. Cuando la Selección Mexicana inaugure la Copa Mundial de la FIFA 2026 en el Estadio Ciudad de México, no comenzará solo un torneo: comenzará el tercer Mundial en nuestra tierra.
1970 fue el Brasil de Pelé.
1986 fue la mano y el genio de Maradona.
2026 tiene que ser, por fin, la historia de México.
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México será el único país en organizar tres Copas del Mundo. Ese dato no es estadístico; es emocional. Es herencia. Es la voz del abuelo que habló del Azteca en el 70, del padre que lloró en el 86, del hijo que ahora espera ver algo distinto.
Por eso la preparación no puede ser tibia. La Federación Mexicana de Futbol y el cuerpo técnico de Javier Aguirre lo entendieron: este no es un proceso más, es una oportunidad histórica.
Antes del debut, el carácter
México abrirá el Mundial ante Sudáfrica. Un rival africano que corre, que compite cada balón y que no regala espacios. Para llegar listo a esa noche, el Tri enfrentará a Ghana el 22 de mayo, en una sede cercana a la Ciudad de México.
Cuatro veces se han visto las caras y todas las ha ganado México (2006, 2008, 2017 y 2023), pero el historial no garantiza nada. Lo importante no es el invicto; es la exigencia. Ghana es potencia, es velocidad, es choque. Es el tipo de partido que obliga a defender con orgullo y atacar con valentía.
Porque el 11 de junio no bastará con jugar bien. Habrá que sostener la presión de un país entero respirando al mismo tiempo.
El ritmo que no perdona
En el Grupo A también espera la República de Corea, un equipo que presiona alto y no se cansa. Para simular ese vértigo, México se medirá a Australia el 30 de mayo, en el Rose Bowl en Pasadena, California.
El historial es parejo: seis partidos, con ligera ventaja australiana (dos triunfos, tres empates y una victoria mexicana). Pero más que números, Australia representa fricción física y transiciones constantes. Es el tipo de partido que obliga a decidir rápido y ejecutar mejor. El rival representa fricción, intensidad, duelos. Es el recordatorio de que en un Mundial cada error cuesta.
Si México quiere escribir algo distinto en casa, deberá aprender a jugar con el corazón encendido y la cabeza fría.
La paciencia que decide destinos
El cuarto rival que conforme el grupo saldrá entre República Checa, Dinamarca, Macedonia del Norte o República de Irlanda. Escuelas europeas que saben cerrar espacios y convertir un tiro de esquina en sentencia.
Ahí aparece Serbia como ensayo. El que será el último partido del Tri en territorio mexicano, el 4 de junio, previo a la inauguración del Mundial del 11 de junio ante Sudáfrica.
Solo una vez se han enfrentado —triunfo mexicano en 2011—, pero el verdadero examen será romper un bloque ordenado sin desesperarse.
Los Mundiales en casa no se ganan solo con emoción. Se ganan con inteligencia.
El camino antes del sueño
La ruta completa de preparación refleja esa intención:
- Islandia — 25 de febrero — Querétaro
- Portugal — 28 de marzo — Estadio Ciudad de México
- Bélgica — 31 de marzo — Chicago
- Ghana — 22 de mayo — (Posiblemente Puebla)
- Australia — 30 de mayo — Pasadena, CA.
- Serbia — 4 de junio — (Posiblemente Toluca)
Qué aportarán los rivales de México previo al Mundial
Islandia exigirá disciplina.
Portugal y Bélgica elevarán el estándar técnico.
Australia medirá resistencia.
Ghana pondrá a prueba el alma.
Serbia pedirá paciencia.
Nada es casual.
Esta vez la historia puede ser diferente
Durante décadas, México ha sido anfitrión ejemplar. Estadios llenos, fiesta en las calles, pasión que contagia al mundo. Pero en el fondo siempre quedó la sensación de que la gloria era ajena.
En 2026, el escenario será otra vez en casa. El himno sonará más fuerte. El estadio vibrará distinto. Y cada jugador sabrá que no solo representa una camiseta: representa generaciones que esperan ver algo que nunca han visto.
No se trata solo de avanzar de ronda. Se trata de dejar huella en el Mundial que se juega en casa.
Porque cuando el balón ruede el 11 de junio, no será un partido más. Será la oportunidad de que México, por fin, deje de contar historias de otros y comience a contar la suya.
