Ángel Di María: el jugador de los goles importantes

Ángel Di María encarna como pocos el viaje emocional del fan argentino: de las dudas y las críticas en los momentos más difíciles a la consagración definitiva en las noches que hicieron historia.
El "Fideo" siempre estuvo cuando más se lo necesitaba. En el Maracaná, rompió una sequía de 28 años sin conquistar títulos en la Copa América con un gol eterno ante Brasil; en la Finalissima, amplió la ventaja frente a Italia; en la final del Mundial de Qatar 2022, volvió a aparecer con un gol de antología ante Francia.
Mucho antes, en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, ya había dejado su sello con el gol que le dio a la Argentina la medalla dorada. Decisivo, resiliente, determinante. Eligió volver a Rosario Central no solo para cerrar su carrera, sino para honrar su origen y seguir escribiendo su propia leyenda.

“No hay secreto. Yo invento”. Angel Di Maria sonríe. Camina el pasillo de la concentración de Rosario Central conduciendo una pelota con su pie izquierdo. Es su juguete favorito. Siempre lo fue. Desde que recorría las calles de tierra de su barrio en Rosario, sin fama, con sus amigos.
Parece que la pelota se escurriera entre sus piernas delgadísimas. Pero no. Él la domina. Conoce como pocos sus secretos: cuándo acelerar, cuándo desacelerar, cuándo pegarle fuerte, cuándo esconderla para eludir un rival. Dónde colocarla para marcar goles que rompen paredes tan espesas como la muralla de 28 años sin títulos de la selección argentina; un gol que fue el prólogo de otro angelado que rompió otra pared: el que padeció Francia en Qatar y que ayudó a la albiceleste a conseguir la ansiada tercera estrella.
Su llegada al fútbol fue casi una prescripción médica. Diana, su madre, buscaba una salida para la hiperactividad de un hijo que "no paraba de correr". Un pediatra recetó fútbol. El elegido fue el club de su barrio, El Torito.
Luego llegó Rosario Central, que le facilitó el escenario para el despegue. Lo que continuó fue una gesta silenciosa: sin auto y con lo justo, Diana pedaleaba cada día 9 kilómetros de ida y 9 de vuelta en bicicleta para llevar a Ángel a entrenar. Bajo el sol o la tormenta, en ese andar incansable se alumbró la resistencia física de flaquito que parece no agotarse nunca.
Sin embargo, el talento no siempre fue suficiente en las inferiores de Rosario Central. Durante mucho tiempo, el camino se presentó cuesta arriba: los técnicos no lo ponían porque era "demasiado delgado", una fragilidad aparente que sembraba dudas sobre su futuro en el roce del universo profesional.
Incluso, a los 15 años, un técnico lo denigró frente a sus compañeros: "Sos un cagón, sos un desastre. Nunca vas a llegar a nada. Vas a ser un fracaso". El impacto casi lo retira, pero su amor propio fue más poderoso. La suerte finalmente cambió cuando se cruzó con la sabiduría de "Don" Ángel Tulio Zoff, el eterno Maestro, quien vio su velocidad eléctrica y lo subió a Primera División.
El salto a Europa
Su aparición fue tan explosiva que, a los 19 años y tras un Mundial Sub-20 consagratorio, lo vendieron al Benfica por una cifra récord. Ángel dejaba Arroyito aguardando con la tenacidad del que sabe esperar su turno mientras el mundo le dice que no.

Su etapa en Portugal (a donde luego volvería tras una increíble carrera por los mejores equipos de Europa) resultó ser mucho mejor de lo esperado: "Era un lugar que ni siquiera sabía dónde quedaba. Me encontré con una ciudad parecida a Rosario. La gente es increíble, agradable, feliz. Desde el día que llegué me convertí en un ídolo que todavía no era, porque no había ganado nada. Ellos veían cosas que tal vez yo en ese momento todavía no veía".
Fue tan bueno su paso por Lisboa que el "Fideo" se ganó el llamado de Diego Maradona para Sudáfrica 2010. Ni más ni menos.
Su salto al Real Madrid lo consolidó en la élite; bajo la tutela de Carlo Ancelotti, un entrenador que comprendió a la perfección su despliegue, alcanzó el cielo en la final de la Champions League en Lisboa, en la que gritó uno de los goles más resonantes de su carrera para la conquista de la Décima.

"Son muy pocos los que tiene la posibilidad de llegar ahí. El Madrid es como si fuese una selección en un club. En ese momento estaban Cristiano, Benzema, Modric, Kaká, Iker (Casillas), Sergio (Ramos), Pepe", señala Ángel. "Nunca me di cuenta que estaba en el Real Madrid, creo que por eso pude hacer la carrera que hice. A mi me gusta jugar, disfruto jugando al fútbol, no me doy cuenta en donde estoy".
Una de las cosas que más recuerda de su paso por la capital española eran los duelos ante el Barcelona, que también tenía un equipo plagado de estrellas: "El mundo entero miraba esos partidos, era como una final del mundo. Jugar contra Leo (Messi), Iniesta, Xavi, Busquets, Puyol era algo increíble, soñado".

Pero el fútbol también tiene sombras. En el Manchester United se topó con Louis Van Gaal, quien intentó transformarlo en un jugador rígido, quitándole su maravilloso talento de inventar. 32 partidos, cuatro goles y 11 asistencias fue el escueto saldo del argentino por Inglaterra, demasiado poco para un jugador con tanto talento, que venía de ganarlo todo.
Sin embargo, la historia en la isla sí tuvo un comienzo feliz, que para nada hacía prever el pronto desenlace. "Empezó todo bien, hice goles y asistencias en varios partidos. Pero de un momento para el otro, Van Gaal empezó a cambiarme de posición, posiciones en las que nunca había jugado y no me sentía cómodo. Me decía todo lo malo que hacía durante el partido pero no lo bueno", recuerda con cierto aire de amargura. "Yo soy de arriesgar todo el tiempo pero él no lo veía de esa manera, nunca entendió que yo era delantero. Y ahí empezó todo el conflicto con él. Entonces yo me bloqueé y él empezó a ponerme en el banco".

"Mi familia tampoco estaba cómoda, no era feliz en la ciudad. El clima tampoco ayudaba mucho. Y con la pelea con él se fue armando una bola cada vez más grande". En ese punto, la situación ya no daba para más y un hecho fortuito, y desafortunado, terminó siendo el desencadenante de su salida del club. "Uno no quiere que pase pero agradezco que me hayan querido robar porque a partir de eso fue que le dije a mi representante que me quería ir sí o sí".
Y el Fideo se fue. Su brillo regresó en París, la ciudad de las luces. En el PSG volvió a sentirse gravitante entre galácticos. Allí estuvo hasta la 2021/22, siete temporadas en las que ganó muchos títulos y recibió el cariño de la gente otra vez. "Fue de los lugares donde más feliz fui. No solamente por lo deportivo sino también porque nació mi hija".
Luego llegaría el turno de la Juventus y otras dos temporadas en el Benfica, para cerrar su brillante y laureada carrera en el fútbol europeo.

Un jugador de selección
Lo que Di María demostraba en Europa chocaba sistemáticamente con lo que hacía en la selección argentina. Las finales perdidas en el Mundial de Brasil 2014 y las Copas América de 2015 y 2016 edificaron una muralla de frustración y críticas feroces. Tras tocar fondo en Rusia 2018, parecía el fin de su generación.

Pero el destino volvió a giñarle el ojo...varias veces. Tras los títulos en la Copa América 2021 y la Finalissima, Ángel fue clave en Qatar 2022 y convirtió el segundo gol en el partido decisivo ante Francia, tal vez uno de los mejores que se hayan visto en la historia de las finales mundiales. "Yo la terminé empujando, la magia la hicieron los otros. Me dejaron a mi ahí como diciendo 'hacé otra vez un gol en una final' y se terminó dando un gol increíble".
Hoy, Ángel Di María es, por peso propio, uno de los cinco futbolistas más determinantes en la rica historia albiceleste. El niño que no iba a llegar a nada terminó inventando la gloria eterna para todo un país.
Al mirar atrás, el propio Ángel lo resume con una crudeza que conmueve: "Me rompí la cabeza contra la pared muchas veces". Pero esa es, quizás, su mayor victoria. No fue evitar la pared, sino insistir hasta que la pared se derrumbó.
Hoy, Di María es leyenda. El niño que "no iba a llegar a nada" terminó inventando la gloria eterna para todo un país, evidenciando que de tanto en tanto, quienes se golpean la cabeza son los que terminan acariciando el cielo.
