By 90Min
February 23, 2018

Lorenzo Insigne, uno de los referentes del Napoli, relató para The Players Tribune un texto donde cuenta toda su historia desde la infancia donde su mayor objetivo era conseguir los botines de Ronaldo, sus problemas para ser aceptado en el fútbol por ser petiso y lo que significa Diego Armando Maradona para todos los napolitanos.

Maurizio Lagana/GettyImages


Antes de que empiece con esta historia, tengo que pedirle perdón a Dios. Y cuando digo Dios, quiero decir D10S…. Maradona. También quiero pedirle perdón a mi padre.

Porque, cuando tenía 8 años, cometí un pecado. Quizás no sea un pecado para mucha gente, pero si creciste en Napoli, especialmente en la época en la que yo era chico, es definitivamente un pecado. Recién empezaba a jugar en la escuela de fútbol de mi barrio, y realmente quería tener unos botines decentes. No tenía botines porque no se suponía que iba a jugar en la escuela de fútbol tan pronto: era demasiado joven, y definitivamente muy chiquito.

¡Era petiso!

Pero no me importó. Quería jugar al fútbol a cualquier costo. Así que un día aparecí con mi hermano mayor en la escuela de fútbol, se suponía que simplemente iba a verlo jugar, pero yo tenía otros planes: me puse a llorar todo el día hasta que me dejaron jugar. Fue dramático. Me tiré al piso y actué como si me estuviese muriendo. Finalmente, uno de los entrenadores dijo: “OK, OK, dejen jugar al nenito un minuto”.

Creo que sólo querían que me calle, pero supongo que demostré que podía jugar, porque me dejaron entras a la escuela con los chicos más grandes. Estaba muy feliz, pero ahora necesitaba unos botines de verdad. Día tras día le rogué a mi padre que me compre un par, pero había dos problemas.

Primero, mi familia venía de un extracto muy humilde. Frattamaggiore, el vecindario en el que crecí, era muy difícil. En ese momento, no había nada. No se ofrecían muchos empleos, y mi familia no tenía dinero para mantenernos, era casi imposible comprar un par de botines caros.

El segundo problema era que yo quería un par de botines específicos. Quería los R9s. Los botines del genio, Ronaldo. ¿Se acuerdan de esos? Plateados, amarillos y azules. Eran icónicos. Ronaldo había jugado el Mundial del 98 con esos botines, y yo sólo hablaba de eso.

“Papá, por favor, por favor, comprame los botines de Ronaldo”

Cada día. Todos los días.

“Por favor, papá, ¡los botines!”

Pensándolo de nuevo, seguramente quería matarme, porque el único jugador del que mi padre quería hablar era de Maradona. Crecí únicamente con el mito de El Diego y su grandeza. Por supuesto, es una leyenda mundial.

Pero ¿en Napoli?

¿En Napoli?

Es como un dios. Mi padre quería conseguirme unos botines completamente negros como los que usaba Maradona. Pero yo le dije:“No, no entendés. Ronaldo es el mejor”

“Jajaja, Lo siento papa, lo siento, El Diego”


Mi papá era muy fanático de Napoli y, claro, Ronado jugaba en Inter en ese momento y estaba haciendo llorar a Napoli. Pero yo era sólo un nene, no sabía nada y estaba obsesionado con esos botines. Así que una noche, completamente por sorpresa, mi padre me dijo: “Vení, nos vamos a comprar”.

Le pregunté por qué.

Me dijo: “Vamos a comprar tus botines”.

A mi padre definitivamente no le sobraba dinero para gastar. Pero, de alguna forma, lo hizo por mí y no puedo expresar el sentimiento de caminar por las calles esa noche con él, buscando en las todas las casas de deportes de la ciudad aquellos botines.

En la primera a la que fuimos no los tenían.

En la segunda no los tenían.

En la tercera tenían, pero no de mi talle.

Caminamos por toda la ciudad.

Fuimos a cuatro o cinco comercios, sin suerte. Recuerdo que estaba oscureciendo y yo pensé que quizás no íbamos a conseguirlos. Finalmente, cuando todos los locales estaban cerrando, en el último en el que entramos tenían los botines R9 y los tenían en mi talle.

Supe en ese momento que sin dudas –sin ninguna duda- iba a tener un recuerdo que me iba a acompañar por el resto de mi vida: el de mi padre entregando el dinero para pagar esos botines y entregándome la caja. Fue mejor que cualquier regalo que me han dado en mi vida. Es gracioso porque, ahora, como futbolista profesional, recibo tantos botines gratis que llega un momento en el que pierde el sentido. No se siente especial en absoluto.

Pero aquellos botines…guau. Fue un sentimiento indescriptible ponérselos, porque en mi cabeza pensaba “Ok, quizás soy chiquito, quizás vengo de un origen humilde, y quizás ni siquiera soy bueno jugando aún…pero estoy usando estos botines, y Ronaldo, el genio, usa los mismos botines…y quizás, algún día, puedo llegar a ser tan bueno como él”.

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Cada vez que salgo a jugar en San Paolo, me da piel de gallina. Porque pienso en lo que eso significa para mi familia, y pienso que mi padre se sacrificó durante años para que yo continúe. No sé qué es lo que hizo para juntar el dinero de mis botines, pero sé que fue dificultoso. Aquel sacrificio inició todo mi sueño. Y ahora logré salir al campo de juego de mi ciudad natal y me da piel de gallina porque pienso "Aquí es donde el mejor jugador del planeta jugó. Aquí jugó Maradona".


Con todo respeto hacia Ronaldo, ahora que soy adulto, y conozco mi historia, tengo que arrepentirme y decir que Maradona es el más grande de la historia.

Sr.Ronaldo, tuvo usted unos hermosos botines. Fue usted un genio. Fue mi inspiración. Pero soy napolitano, así que debo decir que Rey hay uno solo, y su nombre es Diego.



El relato completo: http://www.tycsports.com/futbol/incluso-dios-ama-napoli

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