By 90Min
September 28, 2019

Una nueva polémica relacionada con el racismo ha saltado esta semana en Inglaterra. El futbolista del Manchester City Bernardo Silva publicó un tweet en el que comparaba a su compañero Benjamin Mendy con un conguito. Rápidamente las redes sociales se echaron encima del portugués tachándole de racista y acabó por borrar la publicación. Silva explicó que se trataba de una broma entre amigos y Mendy se tomó con humor el mensaje de su compañero. ¿Pero son justas las calificaciones de racista que ha recibido el jugador del City?


La publicación de Bernardo Silva fue muy desafortunada y su ejemplo en este caso no es el mejor pero eso no le convierte en un racista. El racismo es el odio, la persecución o la discriminación hacia otros por su color de piel, y aquí no hay nada de eso. No obstante, sabiendo que en los campos de fútbol más de un jugador ha sufrido cánticos e insultos racistas los propios futbolistas deberían ponerse del lado de sus compañeros y ayudar a erradicar esa lacra que es el racismo, y publicaciones como la del portugués no sirven de mucha ayuda. Sin embargo hay una diferencia entre gastar una broma públicamente a un compañero y ser un racista, lo que no está claro es dónde está la línea que separa ambos puntos, y en día dónde en las redes sociales todo se magnifica y cualquiera puede dar su opinión el límite está más difuminado que nunca.

Image by Estefanía Ramos

Quizá, en este caso, quien establezca el límite entre lo que es racismo y lo que es un chascarrillo deban establecerlo los dos protagonistas. Si al jugador francés no le ofendió la publicación y es el principal implicado ¿por qué tienen que ser los internautas quienes le defiendan de un ataque que no ha sucedido? Bernardo Silva y Benjamin Mendy son amigos, y si el portugués tiene la confianza para subir esa publicación, el jugador galo también tendrá la misma confianza para decirle a su amigo que la broma no ha tenido gracia en caso de que así fuera. El humor ha existido siempre, pero hay que diferenciar la ficción de la realidad; las ironías, las bromas y los sarcasmos de los actos realizados con mala fe para hacer daño a alguien, y este no es el caso. 


El pasado lunes en la gala The Best el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y la jugadora estadounidense, Megan Rapinoe, lanzaron un duro mensaje para seguir luchando contra el racismo en el mundo del fútbol que tristemente sigue estando presente en muchos estadios. Y nadie niega que el racismo es una lacra tanto en el fútbol como en la sociedad y que hay que acabar con él, pero en vez de atacar a un futbolista por una broma entre amigos habría que mirar más allá, atacar la raíz del problema y centrarse en esos jugadores que sí sufren racismo de verdad cuando pisan el terreno de juego. Muchas veces problemas donde no los hay y cuando alguien los sufre de verdad nos cruzamos de brazos y miramos hacia otro lado.


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