Hoy se está celebrando un comité de la UEFA. Según reveló el The Wall Street Journal, en esta reunión se debatiría la idea que tantos años llevan persiguiendo los clubes poderosos: la gran Superliga europea. Desde el minuto uno me posiciono en contra de esta opción. Sin ambages ni tapujos. El fútbol moderno y sus ideas. Esta idea de una liga, por mucho que vayan a haber cuatro ascensos y descensos, me asusta y repele de la misma forma. Perdonen un lenguaje tan crudo. De hecho, por no gustarme ni entender, no entiendo ni el medio que la ha revelado. Un medio estadounidense, país donde al fútbol se le llama soccer y se le considera un deporte minoritario, revelando la decisión de la UEFA para una liga en la que no participará ningún club de su país y para un deporte al que apenas dan repercusión.

Más allá del medio que le ha dado la cobertura, del que ya he dejado claro mi postura, creo que el hincha del fútbol se debe revelar ante esta catastrófica decisión. Sí, digo catastrófica. Cualquier amante del fútbol que se precie está desencantado con el fútbol moderno y la mercantilización de la pasión y esta liga supondría su pleno auge. Porque se facilitará el espectáculo para el turista y será cada vez más difícil que las aficiones puedan viajar y hacer miles de kilómetros siguiendo a su equipo.

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Está bien, no solo se debe mirar a las gradas. Bien. Miremos a las ligas nacionales. ¿Qué pasará con ellas? ¿Adónde mirarán las televisiones? LaLiga será abandonada. Los dos o tres grandes equipos de la liga española que acudan a esta Superliga puede incluso que dejen de competir en la competición regular. De hacerlo, pueden que la utilicen como entrenamiento para colocar a sus jugadores suplentes. El nivel descendería a un nivel espantoso. Además, celebrándose partidos los fines de semana, sería posible que los partidos ligueros se desplazaran entre semana, imposibilitando así que muchos aficionados que debe trabajar pueda asistir a ver a su equipo.

Es cierto, he vuelto a mirar por la afición. Perdonen. Tal vez ese sea el problema. La hinchada. Siguen tomándose decisiones sin tener en cuenta al espectador que acude al estadio. Aquel que durante toda la semana está esperando para ir a su templo o preparando el viaje para ir a otra ciudad a ver a su equipo. Las cervezas, los kilómetros y los goles. Tal vez el problema sea mío que no he sabido mercantilizarme. Tal vez el posfútbol que tanto adoran sea la verdad y no sea el antifútbol que yo creo. Tal vez este fútbol no vaya de aficiones. Tal vez nunca debería haber escrito este artículo y debería seguir a las masas con aquel espectáculo que cada día se parece menos al deporte del que me enamoré. Quién sabe.

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Los negadores de la Superliga europea somos los defensores del futbolista rudo, con bigote, pelos en las piernas y patadas sobre el césped. Los negadores de las europeidades somos aquellos que seguimos prefiriendo ver a nuestro equipo bajo la lluvia, sentado en una butaca dura y sintiendo a los de al lado como hermanos. Los nostálgicos para muchos, aquellos que hablamos de nuestro equipo y no de Cristiano Ronaldo o Messi, del Real Madrid o del Barça. Los que preferimos el Rico Pérez, El Sardinero, el Tartiere o Las Gaunas. El fútbol se divide entre modernidad o fútbol, entre Superliga Europea o fútbol, entre posfútbol o fútbol. ¿De qué lado estás?