By 90Min
April 12, 2019

El fútbol es un deporte en el que la tensión se respira a flor de piel. Desde bien pequeños, en cualquier lado por el que habitamos, nos enseñas a competir. El fútbol se convierte en un paraíso por el juego en equipo, pero también en un objeto de competición que consigue exaltar al más pintado. Aquellas peleas de barro en el que el dueño del balón elegía las normas o se lleva la bola a casa. Ellos tenían el mando de lo que acontecía o no en las pachangas infantiles. Eran jugador, propietario y árbitro del encuentro. Yo nunca tuve el balón, tal vez por eso puedo llegar a enfatizar con Diego Costa.

Durante el día de ayer, tras las aclaraciones pertinentes de Gil Manzano, el comité arbitral ha decidido sancionar a Diego Costa con ocho partidos tras su expulsión en el encuentro del Atlético de Madrid contra el FC Barcelona. Cuatro partidos de sanción por insultos, pues los vídeos no han podido o querido demostrar nada y, ante la incapacidad para concretar, el acta arbitral ha prevalecido y el colchonero le ha insultado. Así está escrito y así ha sido. Los otros cuatro partidos, los que tal vez muy pocos esperaban, han llegado por violencia leve contra el árbitro. El comité ha considerado como un acto de violencia leve el agarrar al árbitro, según ellos para que no sacara más tarjetas; según el futbolista y el Atlético de Madrid, para poder darle explicaciones.

Diego Costa se perderá lo que resta de temporada. Creo que aquí es donde verdaderamente me identifico con el brasileño. Tal vez yo mentiría si dijera que me perdía la temporada por hacer uso del contacto, aunque siempre que pude, pese a ser no tener un alto porte, me aproveché de ello. Yo me perdía la temporada por ser el último elegido, siempre se me dio mejor contar el partido que jugarlo. Pero Diego Costa ahora verá los partidos desde la grada, al lado de un hincha que, como yo, también se le dio mejor verlo, contarlo, animarlo o protestarlo. Diego lo verá por haber agarrado el brazo al dueño del balón, al intocable.

LLUIS GENE/GettyImages


La sanción, vista por casi cualquier lado, es excesivaDiego Costa, visualizado desde hace ya demasiados años como el malo de la película, no parece tener en ningún momento un comportamiento violento hacia el colegiado en su agarre de brazo. Tan solo parece pedirle al árbitro seguir jugando, explicaciones para razonar y seguir amando la pelota. Como aquel niño nervioso que no quería irse a casa, solo le pedía al colegiado que no le arrebatara el balón, que permitiera que siguiera rodando. La escenificación ha podido con la razón. 

You May Like

HOLE YARDS PAR R1 R2 R3 R4
OUT
HOLE YARDS PAR R1 R2 R3 R4
IN
Eagle (-2)
Birdie (-1)
Bogey (+1)
Double Bogey (+2)