Lo bueno, lo malo y lo feo de la final de la Champions League

La final de la Champions no fue el mejor partido que hemos podido ver en esta mágica edición. Los dos equipos mostraron mucho respeto al rival y en ciertos momentos el fútbol brilló por su ausencia. El Liverpool terminó por hacerse con el encuentro.
LO BUENO: los últimos minutos
Todos habíamos perdido la esperanza. Cuando creíamos que el encuentro ya no iba a dar nada más de sí, que el fútbol del pelotazo sería el único resumen del encuentro, los jugadores del Tottenham se abrieron y fueron a por el gol. En ese momento, el fútbol empezó a mostrar su esencia. Los Spurs acosaban la portería de Alisson y los reds estaban dispuestos a poner la sentencia en un contraataque. Fue en un córner. Origi marcó el gol que terminó de dar la victoria a los reds.
LO MALO: los primeros setenta minutos de partido
El partido comenzó con un gol de Salah en el primer minuto del encuentro. Lejos de lo que muchos podrían pensar, esto no benefició al partido. El Tottenham siguió durante algo más de setenta minutos de partido con su plan de fútbol estratégico y organizado. El Liverpool, con el marcador a favor, se replegó y buscó sorprender al contraataque. Durante demasiados minutos, el partido se convirtió en un escenario sin control en el que el balón volaba de un lado a otro y nunca llegaba al área.
LO FEO: la mala suerte de Sissoko
Sissoko no completó un buen partido pero tampoco fue su peor, sin embargo, su error fue decisivo. El galo provocó un penalti en el primer minuto con una mano tan polémica como innecesaria. La repetición no dejó claro si tocó primero en el brazo o en el pecho, el árbitro, sin revisar en el monitor, decidió continuar con su decisión. El penalti fue convertido por Salah, que adelantó al Liverpool. El partido transcurrió y, llegado al minuto 70, Sissoko tuvo que pedir el cambio y abandonó el terreno de juego lesionado. No será su partido para recordar.
